Mi empleo me resulta insoportable porque se opone a
mi único anhelo y mi única vocación, la literatura. Como yo no soy otra
cosa que literatura y no puedo ni quiero ser otra cosa, mi empleo no
logrará nunca apoderarse de mí, aunque bien puede llegar a destrozarme
totalmente.Usted podía preguntarme porque no renuncio a ese empleo y trato de vivir de la literatura. Solo puedo ofrecerle esta lamentable respuesta: que carezco de fuerza suficiente para hacerlo, y que por lo que puedo presumir de mi situación, más bien pereceré en mi empleo, sobre todo pereceré pronto.
Yo soy, no solo a causa de las circunstancias exteriores, sino sobre
todo por mi propia esencia, una persona circunspecta, callada, poco
sociable, insatisfecha, sin que pueda considerar esas condiciones una
desgracia, ya que solo son un reflejo de mis propósitos.
Durante los últimos días no habré hablado un promedio de más de veinte palabras por día. El motivo de este proceder es simplemente que no tengo nada que decir.
Todo lo que no sea literatura me aburre y me inspira odio, porque me perturba o me hace perder el tiempo, aunque solo sea por sugestión.
Durante los últimos días no habré hablado un promedio de más de veinte palabras por día. El motivo de este proceder es simplemente que no tengo nada que decir.
Todo lo que no sea literatura me aburre y me inspira odio, porque me perturba o me hace perder el tiempo, aunque solo sea por sugestión.
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