jueves, 11 de agosto de 2016

Salustio


Nuestro vigor y facultades consiste en todas en el ánimo y en el cuerpo, de este usamos más para el servicio, de aquel nos valemos para el mando, en lo uno somos iguales a los dioses, en lo otro a los brutos.
Por eso me parece más acertado solicitar gloria por medio del ingenio que de las fuerzas corporales, y puesto que la vida que vivimos es tan breve eternizar cuanto sea posible nuestro nombre, porque la gloria que producen las riquezas y hermosuras es frágil y caduca, la virtud ilustre y duradera.
Para cualquier empresa se necesita consejo.
Me parece que solo vive y goza de la vida el que ocupado honestamente procura granjearse fama por medio de alguna hazaña ilustre o virtud excelente.
A la verdad en todo ejerce su imperio la fortuna ensalzando o abatiendo las hazaña, más por su capricho que según el merecimiento.
Los que han de dar dictamen en negocios graves y dudosos deben estar desnudos de odio, de amistad, de ira y compasión.
No es fácil que el ánimo descubra entre estos estorbos la verdad, ni nadie acertó jamás siguiendo su capricho.
Gran copia de ejemplares pudiera yo traer de reyes y republicas que por dejarse llevar de la compasión o del enojo tomaron resoluciones muy erradas, pero más quiero acordaros lo que nuestros mayores sabiamente y con gran acierto ejecutaron en varias ocasiones contra lo que les dictaba su pasión.
Tened entendido que no se logra el favor de los dioses con votos ni con plegarias, que cuando se vela, se trabaja y se consulta desapasionadamente, todo sale bien, pero si nos abandonamos a la pereza y desidia, es ocioso clamar a los dioses: no son entonces adversos y contrarios.
Siempre en la guerra peligran más lo que más temen, por el contrario, el valor sirve de muralla.
El ánimo es la guía y el gobierno entero de nuestra vida y no necesita de la fortuna, la cual no puede dar ni quitar a nadie la industria ni otras virtudes.
Pero si esclavo de sus pasiones se abandona a la ociosidad se reconoce ya sin fuerzas, sin tiempo y sin facultades para nada.
Y a la verdad, si tanto esmero pusiesen en las cosas útiles como ponen en procurar lo que no les toca, ni pueden serles de provecho no serían ellos los gobernados, sino que antes bien gobernarían los humanos acaecimiento.
Po0r confiado que este de sus fuerzas no es prudencia dejar los cierto por lo incierto, que las guerras se emprenden fácilmente, pero no se acaban sino con gran dificultad, por no pender de uno mismo el fin que el principio de ellas, que provocar puede aún el más cobarde, pero hacer la paz está en la mano del vencedor.

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