Todas las grandes conquistas de la
industria y de la inteligencia se han hecho con suma lentitud y mediante
agregaciones insospechadas exactamente del mismo modo como trabaja la
naturaleza. Hay personas a las que todo está permitido: pueden hacer las cosas más insensatas, nunca se habla mal de ellas, todos justifican sus actos.
Pero hay otras para las que la sociedad es de una crueldad inaudita. Estas deben hacerlo todo bien, no equivocarse nunca, no fallar, ni siquiera dejar escapar una tontería, no se les permite nada de humano y se les exige ser siempre divinas y perfectas.
¡Era tan seductor! ¡Sus ademanes eran tan zalameros! Este privilegio fatal pierde más jóvenes que salva. Acostumbrados a las atenciones que inspira una hermano juventud, feliz, con esta egoísta protección que el mundo otorga a un ser que le agrada, muchos de esos niños grandes disfrutan de ese favor en lugar de aprovecharlo.
Engañados por el sentido y el móvil de las relaciones sociales, llegan desnudos, despojados, sin valor ni fortuna al momento en que el mundo los deja abandonados en un rincón.
En Paris no se da al azar más que a las personas muy relacionadas, el número de amistades aumenta las probabilidades de éxito de toda clase y la suerte está también al lado de los influyentes y poderosos.
La paciencia es lo que en el hombre se parece más mas a lo que la naturaleza emplea en sus creaciones.
El que quiere elevarse por encima de los hombres debe prepararse para la lucha y no retroceder ante ninguna dificultad.
Si no tiene voluntad, sino tiene paciencia, si a la distancia a la que le coloquen los imprevistos del destino no reemprende como las tortugas, en cualquier lugar que se encuentren, el camino de su infinito, como ellas emprenden el de su querido océano, renuncie ya desde hoy.
Hoy en día para triunfar es preciso relacionarse. Todo es obra del azar. Lo más peligroso es tener una inteligencia únicamente para uno solo, aislado en su rincón.
El hombre que lo quiere pintar todo lo ha de conocer todo.
Todos somos amigos o enemigos según las circunstancias. Pronto se dará cuenta de que no obtendrá nada con buen sentimiento.
El poder del cálculo en medio de las complicaciones de la vida es el sello de las grandes voluntades, que las personas débiles o simplemente ingeniosas, jamás adoptan.
En el gran mundo se está obligado a ser cortes con los enemigos, más crueles, a simular que uno se divierte con los más aburridos y a menudo se sacrifica en apariencia a los amigos para servirles mejor.
Un hombre no triunfa más que oprimido por la mano de la necesidad.
En Paris, la fortuna es de dos especies: existe la fortuna material, el dinero que todo el mundo puede ganar y la fortuna moral, las relaciones, la posición, el acceso a un cierto mundo inabordable para ciertas personas, cualquiera sea su fortuna.
Una de las normas de mi oficio es vivir en buena armonía con los hombres verdaderamente fuerte.
En la vida de los ambiciosos y de todos los que no pueden subir más que con la ayuda de los hombres y de las cosas, mediante un plan de conducta, hay un momento cruel en el que no sé qué poder les somete a rudas pruebas.
Todo falla al mismo tiempo, los hilos se rompen por todos lados y se embrollan, la desgracia aparece en todos los lugares. Cuando un hombre pierde la cabeza en medio de ese desorden moral, esta perdidos.
Las personas que saben resistir esta primera revuelta de las circunstancias, que se doblegan dejando pasar l tormenta, que se salvan alcanzando, con un espantoso esfuerzo la esfera superior son los hombres verdaderamente fuertes.
El talento no es más que una condición del éxito y el talento llegar a ser a la larga perjudicial sino va a acompañado de cierto genio de intriga.
Tal vez no se pueda llegar a nada sin haberse encallecido los lugares más sensibles del corazón.
Nada hay menos conocido que lo que todo el mundo tendría que saber. ¡la ley!
Hay tantas formas diversas e astucia como diferentes profesiones. Un astuto diplomático será muy bien engañado en un negocio, en los profundo de una provincia, por un aldeano. El periodista más espabilado puede encontrarse completamente ignorante en materia de intereses comerciales.
En la soledad la fuerza de los sentimientos cambia por completo. El hombre solitario cede ante pensamiento contra los que encontraría punto de apoyo en el ambiente ordinario de la vida.
Existen dos historias: la historia oficial, mentirosa, la que se enseña y luego la historia secreta, en la que se escriben las verdaderas causas de los acontecimiento, una historia vergonzosa.
Si hubiese buscado en la historia las causas del acontecimiento hubiese aprendido normas para su conducta.
Si se permite pequeñas infamias, que sea entre cuatro paredes, a partir de entonces ya no será culpable de ensuciar las decoraciones de este gran teatro llamado mundo.
Cuando os sentais a una mea de bouillotte ¿discute las condiciones? Las reglas están ahí y usted las acepta.
¿Practica la más bella de las virtudes, la franqueza? No solamente esconde su juego, sino que además trata de hacer creer, cuando está seguro de triunfar, que lo va a perder todo. En una palabra: disimula.
¿Es usted quien hace las reglas en el juego de la ambición?
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