Occam escribió una sentencia que originará el ideal más duradero de la ciencia de todas las épocas: la sencillez.
Respecto de intrincadas disputas teológicas Occam falla: “El numero de las cosas no se debe multiplicar innecesariamente”.
Con esto quiere decir que entre dos explicaciones igualmente satisfactorias de un mismo hecho, la mejor es la más sencilla, la que involucre el mínimo de elementos.
Lo complicado en la naturaleza es solo una serie de combinaciones de
cosas simples. Lo aparentemente complejo es una combinación de lo
sencillo.

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