jueves, 18 de agosto de 2016

Jean Fourastie



Del presente nace el porvenir. Los acontecimientos se encadenan con otros por invencible fatalidad.
No es cosa moderna el que no haya efecto sin causa, ni el que muchas veces la causa más pequeña produzca los mayores efectos.
Todo es rodaje, poleas, cuerdas y resortes en esta inmensa máquina.
Pero se abusa de la verdad de este principio deduciendo que no hay accidente, por pequeño que sea, que no constituya un eslabón esencial de la cadena del destino.
Podemos remontarnos de causa en causa hasta el laberinto de la eternidad, pero toda causa no tiene efecto si descendemos hasta el fin de los siglos.
Los acontecimientos presentes no son hijos de todos los acontecimientos pasados.
Todo tiene siempre padres, pero no todo tiene hijos.
Las verdadera verdadera física consiste en determinar bien todos los efectos.
Locke demostró que no tenemos ideas innatas, ni principios innatos. De esta afirmación se deduce evidentemente que necesitamos que entren en nuestro cerebro buenas ideas y excelentes principios para que podamos usar bien la facultad que se llama entendimiento.
El hombre nació sin ningún principio pero con la facultad de recibir todos los principios.
El cerebro humano tiene gran dificultad para percibir las realidades que lo rodea.
La dificultad enorme que tiene el hombre para percibir y comprender la realidad que lo rodea está ilustrada por el hecho de que la humanidad no descubrió sino muy recientemente el método científico experimental, no lo aplica sino muy esporádica y torpemente y habitualmente sigue dando prioridad a la imagen pasional o racional que se hace de las cosas por encima de la imagen observable y observada.
Una serie perfectamente lógica de afirmaciones puede ser errónea respecto de lo real.
La racionalidad tiene por efecto el revelar lo contradictorio y el agrupar las informaciones en series coherentes entre sí.
El razonamiento racional influye inconscientemente en la observación haciendo que un hombre no vea en los hechos más que aquello que le interesa.
De manera que existen obstáculos enormes para la percepción objetiva. La observación es en realidad una adquisición difícil para el espíritu humano.
El cerebro humano tiende a apegarse solo a lo global y a lo abstracto. La abstracción es una imagen necesaria para el hombre que quiera conocer y comprender lo real, pero deforma lo real.
La racionalidad clásica es hija natural del cerebro humano. El cerebro humano no puede tener más que una idea clara y distinta por vez.
De manera que no puede encarar la realidad complicada sino enumerando una tras otro, sucesivamente, lo elementos que, sin embargo, constituyen un conjunto.
Pero he aquí que los hombres empiezan a sentir que hay en lo real cosas que no vienen una tras otras, que no se dejan encadenar así por nuestra razón lineal y que con todo tenemos que conocer.
Hoy sabemos que el hombre esta limitado por la unidad de su pensamiento claro y por su localización en un solo punto del espacio y del tiempo no puede captar ni comprender más que una parte ínfima de lo real.
Los hombres siguen hoy sin poder percibir más que rara y difícilmente una realidad objetiva, aun limitada.
Siempre cuando la ideología choca con lo real los hombres se dividen en dos tendencia, lo que quieren forzar lo real mediante una acción más dura, aun violenta y lo que admiten la realidad para llegar a procedimiento menos ambicioso pero menos apremiante y más seguros.
A medida que progresamos lo real cambia, aprendemos cosas, pero estamos siempre atrasados. Llegamos a saber lo que hubiese sido necesario que hicieran Luis XIV para mejorar la situación económica de su tiempo ¡pero él no lo sabía!
De la misma manera nuestros políticos no saben lo que deberían saber para resolver correctamente los problemas de hoy, la información acerca del presente es siempre deficiente.
No hay ciencia si no hay confrontación del modelo racional con lo real observado. Ahora bien, la historia es la que describe lo real observado.

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