No es cosa moderna el que no haya efecto sin causa, ni el
que muchas veces la causa más pequeña produzca los mayores efectos.
Todo es rodaje, poleas, cuerdas y resortes en esta inmensa
máquina.
Pero se abusa de la verdad de este principio deduciendo que
no hay accidente, por pequeño que sea, que no constituya un eslabón esencial de
la cadena del destino.
Podemos remontarnos de causa en causa hasta el laberinto de
la eternidad, pero toda causa no tiene efecto si descendemos hasta el fin de
los siglos.
Los acontecimientos presentes no son hijos de todos los
acontecimientos pasados.
Todo tiene siempre padres, pero no todo tiene hijos.
Las verdadera verdadera física consiste en determinar bien
todos los efectos.
Locke demostró que no tenemos ideas innatas, ni principios
innatos. De esta afirmación se deduce evidentemente que necesitamos que entren
en nuestro cerebro buenas ideas y excelentes principios para que podamos usar
bien la facultad que se llama entendimiento.
El hombre nació sin ningún principio pero con la facultad de
recibir todos los principios.
El cerebro humano tiene gran dificultad para percibir las
realidades que lo rodea.
La dificultad enorme que tiene el hombre para percibir y
comprender la realidad que lo rodea está ilustrada por el hecho de que la
humanidad no descubrió sino muy recientemente el método científico
experimental, no lo aplica sino muy esporádica y torpemente y habitualmente
sigue dando prioridad a la imagen pasional o racional que se hace de las cosas
por encima de la imagen observable y observada.
Una serie perfectamente lógica de afirmaciones puede ser
errónea respecto de lo real.
La racionalidad tiene por efecto el revelar lo
contradictorio y el agrupar las informaciones en series coherentes entre sí.
El razonamiento racional influye inconscientemente en la
observación haciendo que un hombre no vea en los hechos más que aquello que le
interesa.
De manera que existen obstáculos enormes para la percepción
objetiva. La observación es en realidad una adquisición difícil para el
espíritu humano.
El cerebro humano tiende a apegarse solo a lo global y a lo
abstracto. La abstracción es una imagen necesaria para el hombre que quiera
conocer y comprender lo real, pero deforma lo real.
La racionalidad clásica es hija natural del cerebro humano.
El cerebro humano no puede tener más que una idea clara y distinta por vez.
De manera que no puede encarar la realidad complicada sino
enumerando una tras otro, sucesivamente, lo elementos que, sin embargo,
constituyen un conjunto.
Pero he aquí que los hombres empiezan a sentir que hay en lo
real cosas que no vienen una tras otras, que no se dejan encadenar así por
nuestra razón lineal y que con todo tenemos que conocer.
Hoy sabemos que el hombre esta limitado por la unidad de su
pensamiento claro y por su localización en un solo punto del espacio y del
tiempo no puede captar ni comprender más que una parte ínfima de lo real.
Los hombres siguen hoy sin poder percibir más que rara y
difícilmente una realidad objetiva, aun limitada.
Siempre cuando la ideología choca con lo real los hombres se
dividen en dos tendencia, lo que quieren forzar lo real mediante una acción más
dura, aun violenta y lo que admiten la realidad para llegar a procedimiento
menos ambicioso pero menos apremiante y más seguros.
A medida que progresamos lo real cambia, aprendemos cosas,
pero estamos siempre atrasados. Llegamos a saber lo que hubiese sido necesario que
hicieran Luis XIV para mejorar la situación económica de su tiempo ¡pero él no
lo sabía!
De la misma manera nuestros políticos no saben lo que
deberían saber para resolver correctamente los problemas de hoy, la información
acerca del presente es siempre deficiente.
No hay ciencia si no hay confrontación del modelo racional
con lo real observado. Ahora bien, la historia es la que describe lo real
observado.

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