domingo, 14 de agosto de 2016

Edward Carr


La afirmación de que los hombres nada aprenden de la historia viene contradicha por multitud de hechos observables. No hay experiencia más corriente que esta. Sería fácil descubrir en la historia relativamente remota la influencia de las enseñanzas de un pasado aún más remoto.
Una de las razones por las que la historia se repite muy escasas veces es que los dramatis personae son sabedoras en la segunda representación del desenlace de la primera y su acción viene afectada por tal conocimiento.
Los seres humanos podrán ser puestos en guardia con la predicción de consecuencias que no desean y ser inducidos por ella a modificar su acción, de modo que el pronóstico, aunque correctamente basado en el análisis, resulte falso.
La esencia del hombre como ser racional radica en el desarrollo de sus capacidades potenciales mediante la acumulación de la experiencia de las generaciones pasadas.
El hombre contemporáneo no tiene un cerebro mayor, ni una superior capacidad innata de pensamiento que su predecesor de hace 5.000 años.
Pero la eficacia de su pensamiento ha sido varias veces multiplicada al aprender e incorporar a su experiencia la experiencia de las generaciones precedentes.
La historia es, en términos generales, recuento de lo que han hecho los hombres, no de lo que se frustró, en cuya medida es una narración del éxito.
El historiador trae a primer plano las fuerzas que han triunfado y relega hacia el fondo las que han sido derrotadas por las primeras.

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