lunes, 8 de agosto de 2016

Plutarco


La fortuna, o el genio del mal o la naturaleza misma de las cosas no consienten que aun en las mayores prosperidades haya un gozo puro y sin mezcla, sino que parece complacerse en traer agitada la vida de los hombres con la continua alternativa de bienes y males.
A los niños se los engaña con dados y a los hombres con juramentos.
Nada hay más indomable que un hombre engreído con su dicha, ni a la inversa, nada más dócil que el abatido por la fortuna.
¡Tan grande es el poder de la oportunidad para sanar y para dañar!
Así, al modo que no es para cualquier cuerpo el aguantar la inmoderada bebida, en la propia forma no es de cualquier juicio el no perder la prudencia y el tino en la excesiva prosperidad.
Lo que principalmente celebraban en Lúculo era haber vencido a los reyes más poderosos y afamados con dos medios encontrados enteramente, cuales son la prontitud y la dilación, porque a Mitridates lo destruyó con el tiempo y la tardanza y a Tigranes lo quebrantó con el aceleramiento.
No puede ser que dejen de tener que sufrir y padecer los que acometen grandes empresas.
La paciencia puede más que la fuerza, y como cosas que no pueden acabarse junta, ceden y acaban poco a poco porque nada resiste la continuación, con la que el tiempo en su curso destruye y consume todo poder, siendo un excelente auxiliador de los que saben aprovechar la ocasión que les presenta e irreconciliable enemigo de los que fuerza de sazón se precipitan.
La prosperidad hincha y ensoberbece aun a los de ánimo más pequeño, pero el hombre verdaderamente magnánimo y fuerte donde se ve y resplandece es en la adversidad y en los reveses.
Tiéntese por la más sobresaliente prenda de un buen general el que cuando es superior precise a los enemigos a pelear y cuando le falten fuerza no se precise contra su voluntad y haciéndolo así Agesilao se conservó siempre invicto y del mismo modo Cesar cuando era inferior no contendió con Pompeyo para no ser derrotado, pero cuando se vio superior lo obligó a ponerlo todo en riesgo.
La fortuna pues le preparó este lugar a Alejando, pero el por su parte procuró también ayudar a la fortuna.
Por lo que a él respecta hacia empeño en contrarrestar a la fortuna con la osadía y al poder con el valor, pues nada le parecía ser inaccesible para los osados, ni fuerte y defendido para los cobardes.
Alejandro sentía con él en llamar desgracia a la cobardía.
Nunca es tan pequeño el principio de cualquier empresa que la continuación no lo haga grande, tomando el no poder después ser detenido del habérsele despreciado.
Lo que cuenta es la voluntad y si nuestra voluntad es firme y suficientemente resuelta podemos lograrlo todo.
Alejandro preguntó ¿qué hombre era en cuanto al ánimo Sisimetres? Y respondiéndole que este era el más tímido de los mortales, eso es decirme, le repuso, que puedo tomar la roca, pues que el que manda en ella no es fuerte.

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