miércoles, 17 de agosto de 2016

Herbert Spencer


Por regla general se rechaza con indignación y desprecio toda creencia que este en abierta oposición con la nuestra, sin preguntar o investigar, quizá lo que justifica siguiera aparentemente tal creencia.
La formación de juicios exactos sobre las cuestiones que se discuten puede, en gran parte, de la actitud que guarda nuestro espíritu cuando oímos la discusión.
Una de las condiciones primordiales de un pensamiento libre y amplio es evitar los extremos, debemos pues procurar cuidadosamente no caer en ellos y la mejor salvaguardia para huir de la caída es la estimación o tolerancia de las opiniones ajenas.
Se puede admitir que las creencias humanas han tenido su origen en hechos reales que contenían primitivamente y quizás contienen aun algo de verdad.
Saber es prever y todo conocimiento nos ayuda, más o menos en suma, a evitar el mal y conseguir el bien.
Los sabios someten sus descubrimientos al más escrupuloso examen y rechazan sin piedad el error una vez descubierto.
La comprobación de que todas las conclusiones deducibles concuerdan con los hechos que revela la experiencia directa significa que hemos hallado una verdad.
La verdad no puede ser para nosotros sino la concordancia perfecta en todo el campo de la experiencia entre las representaciones que llamamos ideales de las cosas y las percepciones que llamamos reales.
Si cuando descubrimos que una proposición no es verdadera, queremos decir simplemente que hemos descubierto una diferencia entre lo supuesto y lo observado, preciso es también que cuando no se presentan esas diferencias digamos que hemos hallado la verdad.

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