lunes, 29 de agosto de 2016

El Príncipe de Maquiavelo


Los hombres caminan casi siempre por caminos trillados ya por otros y no hacen casi más que imitar a sus predecesores en las acciones que se les ve hacer.
El príncipe debe leer las historias, y al contemplar las acciones de los varones insignes, debe notar particularmente como se condujeron ellos, examinar las cusas de sus victorias, a fin de conseguirlas el mismo, las de sus pérdidas a fin de no experimentarlas.
No es necesario que un príncipe posea todas las virtudes, pero conviene que el aparente poseerlas.
Aun me atreveré a decir que si el las posee realmente y las observa siempre, le son perniciosas a veces, en vez de que aun cuando no las poseyera efectivamente, si aparenta poseerlas le son provechosas.
Puedes parecer manso, fiel, humano, religioso, leal y aun serlo, pero es menester que, en caso necesario, sepas variar de un modo contrario.
Su espíritu debe estar dispuesto a volverse según que los vientos y variaciones de la fortuna lo exijan de él.
Debe tener sumo cuidado en ser circunspecto, para que cuantas palabras salgan de su boca lleven impreso el sello de la virtud, y para que, tanto viéndole como oyéndole, le crean enteramente lleno de bondad, buena fe, integridad, humanidad y religión.
Muchos creen que la fortuna gobierna de tal modo las cosas de este mundo que los hombres con su prudencia no pueden corregir lo que ellas tienen de adverso, y aun que no hay remedio algunos que oponerles.
Juzgo que puede ser verdad que la fortuna sea el árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero también es cierto que ella nos deja gobernar la otra o al menos siempre algunas partes.
Baste esta reflexión para lo concerniente a la necesidad de oponerse a la fortuna en general.

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