sábado, 20 de agosto de 2016

David Hume


El único remedio universal es el razonamiento preciso y exacto.
Todos los razonamientos que se refieren a los hechos parecen fundarse en la relación de causa y efecto.
El conocimiento de esta relación surge enteramente de la experiencia cuando vemos que cualquier clase de objetos particulares están constantemente ayuntados entre sí.
No se puede sin el auxilio de la experiencia inferir jamás algo respecto de los hechos y las cosas existentes.
Las causas y los efectos no son descubiertos por la razón sino por la experiencia.
Preséntese un objeto a un hombre dotado de razón natural y habilidades tan extraordinarias como se quiera: si el objeto es enteramente nuevo no será capaz de descubrir ninguna de sus causas o de sus efectos ni siquiera mediante el más prolijo examen.
Estamos inclinado a imaginar que podríamos descubrir efectos por la mera operación de nuestra razón, sin la experiencia.
Nos figuramos que, si hubiéramos venido repentinamente a este mundo, a primera vista podríamos haber inferido que una bola de billar comunicaría el movimiento a otra al impulsarla y que no tendríamos necesidad de haber esperado este suceso para pronunciarnos con certeza al respecto.
Tal es la fuerza de la costumbre que oculta nuestra natural ignorancia.
Conocemos todas las leyes de la naturaleza y todas las operaciones de los cuerpos sin excepción, solamente por la experiencia.
Si se nos presenta un objeto y se nos pide que nos pronunciemos sobre el efecto que resultará de él, sin consultar observaciones anteriores ¿de qué manera deberá proceder el espíritu?
Habrá de inventar o imaginar un suceso que considera como efecto del objeto y es claro que esta invención deberá ser enteramente arbitrario.
El espíritu jamás puede encontrar el efecto en la supuesta causa por medio del examen o pesquisa más rigurosos. Porque el efecto es totalmente diferente de la cusas y en consecuencia nunca puede ser descubierto en ella.
Una piedra o un trozo de metal levantado en el aire y dejado sin apoyo caen inmediatamente. Pero si consideramos el asunto a priori descubrimos algo en esta situación que pueda dar origen a la idea de un movimiento hacia abajo más bien que hacia arriba o de cualquier otro movimiento en la piedra o el metal?
Todo efecto es un suceso diferente de su causa. Por tanto tiene que ser enteramente arbitrario imaginarlo o concebirlo a priori.
Cuando razonamos a priori y consideramos meramente un objeto o causa tal como aparece en el espíritu, independientemente de toda observación, nunca podría sugerirnos la nación de un objeto distinto como por ejemplo su efecto y aún menos mostrarnos la inseparable e inviolable conexión entre ellos.
Tendría que ser muy sagaz la persona que pudiera descubrir por razonamiento que el cristal es el efecto de calor y el hielo del frio, sin tener previo conocimiento de la acción de estos estados.
Los razonamientos de los hechos se basan en la relación causa efecto y esta relación a su vez, en la experiencia.
Nuestras conclusiones extraídas de la experiencia no se fundan en el razonamiento, ni en ningún proceso del entendimiento.
Todos estarán ciertamente de acuerdo en que la naturaleza nos ha mantenido muy alejados de todos sus secretos y que solo nos ha concedido el conocimiento de unas pocas cualidades superficiales de los objetos en tanto nos oculta las fuerzas y principios de los que depende enteramente la fuerza de esos objetos.

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