Sobre el saber mutuo descansan las relaciones sociales, que
presuponen igualmente un mutuo disimulo.
Las relaciones sociales se organizan en torno del secreto,
del disimulo de ciertas realidades.
Un hombre medio estúpido, pero que esté atento y sea
prudente a diario tiene muchas veces el gusto de vencer a los hombres de
imaginación.
Para hacer fortuna no es necesario tener ingenio, hace falta
no tener delicadeza.
La presencia del peligro da genio al hombre razonable,
elevándolo por encima de sí mismo, pero al hombre de imaginación la sugiere
empresas novelescas, audaces ciertamente, pero a menudo absurdas.

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