lunes, 29 de agosto de 2016

Julio César de Jacques Madaule


¿Qué partido abrazará Cesar? Sin duda el que encierre mayor riesgo, pero ofrezca, a los mismos tiempo, la posibilidad de unas mayores ganancias.
Comprendió que el poder, en Roma, sería de aquellos que supieran utilizar el dinero y la fuerza.
Sin ocultar su propio escepticismo utiliza el miedo supersticioso de los demás.
Se afirma que jamás tomo en cuenta los presagios cuando se oponían a sus designios, pero creía indudablemente en su buena suerte.
Una de las características sobresalientes de Cesar es la de seguir a menudo, y casi el mismo tiempo, un vasto plan que solo realizará mucho tiempo después y un proyecto inmediato.
Se advierte siempre la sombra de Cesar, sin que jamás pueda sorprendérselo en flagrante delito, porque junto a la más grandes de las audacias posee una extremada prudencia.
Cesar se juega el todo por el todo y se endeuda más que nunca.
Nada es digno de perturbar al alma de Cesar y la más grandes victoria que deseaba obtener frente a sus enemigo, es la de mostrarse siempre superior a sus injurias.
Cesar consideró que no debía entrar en discusión con persona alguna, y esa fue su regla de conducta con respecto a todos aquellos que lo insultaban.
Su táctica consiste en desconcertar siempre a sus adversarios, ya sea sosteniendo con descaro una mentira o mediante una fingida moderación y en el campo de batalla no procederá de otra manera.
El genio del estratega consiste en aprovechar en el momento adecuado las ventajas de una posición.
Cesar no retrocedía ante acción alguna cuando la estimaba necesaria.
El todo por el todo, solo hay un golpe peligroso, ¡adelante!.
El proyecto era temerario y poco faltó para que fracasara. Sin embargo, era el único posible.
Al ver trastocados su primitivo plan, Cesar consideró que debía cambiar por completo su plan de campaña.
Parece evidente que el genio militar reside menos en un golpe de vista infalible que en el temple de un carácter. Ha sido vencido, pero conserva admirablemente su presencia de ánimo. Mientras el hombre no se abandone, no ha de faltarle la fortuna.
Pompeyo se somete al destino, puesto que los dioses le son adversos, nada queda por hacer. Cesar, por el contrario, no cede ni ante las propias divinidades, ya que las obliga a colocarse de su parte y los reveses son solo accidentes que deben repararse cuanto antes.
Cesar necesito de esa indómita confianza para llevar a cabo tantas tareas diversas.

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