Sólo en lo antiguo puede nacer el bien. Los hombres
de bien de todas las épocas han sido los que han profundizado en las
ideas añejas para hacerlas fructificar.El camino más corto no es siempre el camino recto, sino aquel en que sopla el viento favorablemente a nuestra vela: esto es lo que enseñan las reglas de la navegación. No obedecer es ser obstinado: la firmeza de carácter es turbada en este caso por la tontería.
Todos los movimientos intelectuales alcanzan éxito cuando prometen a los ricos el pillaje y a los pobres la perspectiva del ahorro.
El amor casi religioso a la persona del rey fue transformado por los griegos, cuando terminó la realeza, en el amor a la polis. Una idea es más susceptible de ser amada que una persona, y sobre todo, crea menos decepciones al que ama (pues cuanto más amados se ven los hombres, menos consideraciones tienen, generalmente, hasta que concluyen por no ser dignos del amor y se produce un rompimiento). Por esto, la veneración por la polis del Estado fue más grande de lo que jamás fue realmente la veneración por los príncipes. Los griegos son las fuentes del Estado, los locos del Estado, de la historia antigua.
El ejercicio del poder acarrea muchos disgustos y exige mucho valor. Por eso hay tantas personas que renuncian hacer valer su derecho, porque este es una especie de poder y son demasiado perezosas y demasiado cobardes al ejercitarlo. Y a las virtudes que ocultan esos defectos se les llama mansedumbre, tolerancia y paciencia.
No aspiréis nada que sea superior a vuestras fuerzas.
El sentimiento original y primario del hombre es el miedo; por el miedo se explican todos los pecados y virtudes originales.
Hace mucho tiempo se ve que las convicciones son, acaso, enemigos más peligrosos para la verdad que las mentiras. Estimo mentira negarse a ver ciertas cosas que se ven, negarse a ver alguna cosa tal como es; importa poco que la mentira tenga o no testigo. La mentira más frecuente es aquella con que nos engañamos a nosotros mismos, mentirle a los demás es un caso relativamente excepcional pero el no querer ver lo que se ve, el no querer ver como se ve, es la condición primera para todos los que pertenecen a un partido porque el hombre de partido necesariamente se vuelve mentiroso.
Es cierto que la reprobación del egoísmo, doctrina practicada con tanta tenacidad y convicción, ha perjudicado sin duda el egoísmo (en beneficio de los instintos de rebaño), sobre todo porque le ha quitado la tranquilidad de conciencia, enseñando a buscar en el egoísmo la verdadera fuente de todos los males. "Guiarse por el interés es lo que hace desgraciada de la vida", esto es lo que se ha predicado por espacio de millares de años, y eso ha hecho mucho daño al egoísmo y le ha quitado mucho ingenio, mucha serenidad, mucha gracia, mucha belleza, embruteciéndole, afeándole, envenenándole.
La filosofía antigua denunciaba, en cambio, otra fuente principal de males. Desde Sócrates los pensadores no se cansaron de decir: "vuestro aturdimiento y vuestra tontería, vuestra subordinación a la opinión del vecino, son las razones que os impiden frecuentemente ser felices; nosotros los pensadores somos más felices porque somos pensadores". No vamos ahora a averiguar si este sermón contra la necedad tiene mejores razones en qué fundarse que el otro sermón contra el egoísmo; pero lo que sí es cierto es que quitaba a la tontería su tranquilidad de conciencia.
"Dios no tendrá misericordia de ti si no te arrepientes" son palabras que habrían provocado la risa o la ira de un griego, esos son sentimientos de esclavo, habría exclamado. Aquí se admite un dios poderoso, de suprema potencia y con todo eso vengador. Su poder es tan grande que no se le puede inferir daño salvo en lo tocante a su honor. Todo pecado es una falta de respeto, un crimen, y nada más. Constricción, deshonor, humillación son las primeras y las últimas condiciones para conseguir su gracia; lo que exige, pues, es la reparación de su honor divino.
Si sobre esto si el pecado causa un mal, si origina algún profundo y creciente desastre que se apodera del hombre tras otro y los ahoga como una enfermedad, eso preocupa poco al oriental, ávido de honores, que mora en las alturas del siglo. El pecado es una falta contra él y no contra la humanidad. A aquel a quien otorga su gracia le concede también la propia indiferencia respecto de las consecuencias naturales del pecado.
¿Conque un Dios que ama a los hombres a condición de que crean en él, lanza miradas terribles y amenazas al que no siente fe en su amor? ¿Con qué un amor con estipulaciones es el sentimiento del Dios omnipotente?
¿Cómo se formó la lógica en la cabeza del hombre? Sin duda mediante lo ilógico, cuya esfera debió ser inmensa primitivamente. Parece cada vez más cierto que han ido desapareciendo innumerables seres que discurrían diferentemente de cómo nosotros que escurrimos. Aquel que no acertaba, por ejemplo, a descubrir semejanzas en lo relativo a los alimentos o los animales enemigos del hombre, el que establecía con demasiada lentitud las categorías o era demasiado circunspecto en la clasificación de las ideas, disminuía sus probabilidades de duración mucho más que aquel otro que en presencia de cosas parecidas deducía inmediatamente su igualdad.
De suerte que una inclinación predominante a considerar desde el primer instante las cosas parecidas como iguales, propensión ilógica en realidad (pues no hay cosa que sería igual a otra) fue quien echó primeramente los cimientos de la lógica. De igual manera, para que se formase la noción de sustancia indispensable para la lógica, fue preciso que por mucho tiempo no se viera ni sintiese lo que hay de mudable en las cosas.
Los seres que no veían esto con exactitud tuvieron una ventaja sobre aquellos que advertían las fluctuaciones de las cosas. Todo grado superior de circunspección en las conclusiones, toda propensión al escepticismo es ya de por sí un gran peligro para la vida.
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