El conocimiento científico progresa a través de
presunciones, de soluciones tentativas para nuestros problemas, de
conjeturas. Esta conjeturas son controladas por la crítica, esto es, por
intento de refutaciones.La crítica de nuestras conjeturas es de importancia decisiva: el poner de manifestó nuestros errores nos hace comprender las dificultades del problema que estamos tratando de resolver.
Es así como llegamos a adquirir un conocimiento más profundo de nuestro problema y a estar en condiciones de proponer soluciones maduras, la misma refutación de una teoría es siempre un paso adelante que nos acerca a la verdad. Y esta es la manera por la cual podemos aprender de nuestros errores.
Las creencias erróneas pueden tener un asombroso poder para sobrevivir durante miles de años, en franca oposición a la experiencia.
Las teorías científicas son invenciones, conjeturas audazmente formuladas para su ensayo y que deben ser eliminadas si entran en conflicto con las observaciones.
No hay procedimiento más racional que el método del ensayo y error, de la conjetura y la refutación, de proponer teorías intrépidamente, de hacer todo lo posible por probar que son erróneas y de aceptar las tentativamente si nuestros esfuerzos críticos fracasan.
El procedimiento real de la ciencia consiste en trabajar con conjeturas, en saltar a conclusiones, a menudo después de una sola observación.
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