Por experiencia puede aseverarse que tanto en
hombres como en épocas se han encontrado y han convergido el saber y la
suerte en las armas, ambas cosas han florecido, además, en las mismas
personas y en las mismas edades. Ninguna parte del mundo esta negada a la investigación y al conocimiento de los hombres.
La única limitación de la mente humana es la corta duración de la vida, la mala coordinación de sus estudios, la defectuosa manera de transmitir los conocimientos de mano en mano y muchos otros inconvenientes a los cuales la condición del hombre vive sujeta.
El hombre, interprete y ministros de la naturaleza, no concibe y no realiza sus concepciones más allá de la medida de aquello que es capaz de descubrir en el reino de la naturaleza, sea por la observación, sea por sus trabajos, no sabe ni puede más, ya que no existe fuerza capaz de aflojar o romper la cadena de las causas y si podemos vencer la naturaleza no es sino obedeciéndola.
La ciencia y el poder humano coinciden exactamente en un mismo punto y si no obtenemos los efectos es en razón de la ignorancia de las causas.
La enseñanza suministra poder y no es causa de debilidad o flaqueza, los claros preceptos le instruyen sobre cómo y con qué fundamentos debe resolverse.
Los estudios ejercen influencia y efecto sobre las costumbres de quienes los cultivan.
Otro error deriva de la impaciencia frente a la duda y del apresuramiento en afirmar sin la debida demora y madurez de juicio.
El dominio sobre el conocimiento es todavía más importante que el dominio sobre la voluntad, porque equivale al dominio sobre la razón, creencia y comprensión del hombre, ya que rige con sus leyes a la propia voluntad.
No hay poder en la superficie de la tierra que levante su trono de mando en el espíritu y el alma de los hombres y en sus pensamientos, imaginación, opiniones y creencias, como no sea el poder del conocimiento y la enseñanza.
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