sábado, 27 de agosto de 2016

Napoleón de Emil Luwig


Los sitios no son la especialidad de Napoleón, la paciencia que sería preciso emplear para vencer al enemigo por el hambre no cabe dentro de su temperamento.
Jamás ha sostenido ningún sitio y declara que las fortalezas y las mujeres hay que tomarlas rápidamente o dejarlas.
Él no sabe solicitar ni esperar. El tiempo corre, no se puede esperar más. ¡Al asalto!
Siempre han sido los acontecimientos los que han decidido, en último término, los actos de Napoleón.
En todas las etapas de su vida no advertimos un plan definido y sistemático.
Su vida prueba la justedad de su adagio: “No irá lejos el que sabe de antemano a dónde quiere ir”.
Napoleón regula su conducta por los grandes ejemplos de la historia. Desde su infancia hasta su destierro la conciencia que de su valor tenia Napoleón, se había nutrido por los grandes ejemplos de la Antigüedad.
Sin esta afición tan pronunciada a la Historia, que juzgaba la única y verdadera filosofía, su carrera no solo hubiese sido diferente, sino que habría sido imposible.
Tampoco esta vez tiene Napoleón un plan preconcebido. Lentamente, siguiendo el curso de los acontecimientos, esboza su plan, lo rechaza, vuelve a tomarlo entre manos, lo reforma, todo depende de Paris y de Viena.
Nada de iluminaciones geniales, sino una constante reflexión, una crítica continúa a sus propias acciones.
Sus planes y sus órdenes se hallan entreverados con frecuencias de esta fórmula característica “en el momento dado”.
Este hombre de voluntad férrea tenía el espíritu más flexible que pueda imaginarse y en tanto que imponía a todos su decisión, por lo que a si mismo atañía sometiese siempre a la fuerza de las cosas.
En el mundo de las combinaciones en que vivía todo dependía de la conducta de un solo individuo, el fracaso de uno solo podía traer consigo unas orientaciones nuevas de los acontecimientos, a la que siempre se hallaba dispuesto a adaptarse.
Solo el hombre liberado de todo sistema y de todo principio se confía así a la inspiración del momento y le da libre curso, creando e inventando a medida que avanza.
La carrera de Napoleón no es más que improvisación, pero, al revés de otros grandes hombres, solo calculaba de antemano los detalles, dejando que las circunstancias fueran dando forma a sus más grandes proyectos.

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