martes, 30 de agosto de 2016

Franz Kafka


Mi empleo me resulta insoportable porque se opone a mi único anhelo y mi única vocación, la literatura. Como yo no soy otra cosa que literatura y no puedo ni quiero ser otra cosa, mi empleo no logrará nunca apoderarse de mí, aunque bien puede llegar a destrozarme totalmente.
Usted podía preguntarme porque no renuncio a ese empleo y trato de vivir de la literatura. Solo puedo ofrecerle esta lamentable respuesta: que carezco de fuerza suficiente para hacerlo, y que por lo que puedo presumir de mi situación, más bien pereceré en mi empleo, sobre todo pereceré pronto.
Yo soy, no solo a causa de las circunstancias exteriores, sino sobre todo por mi propia esencia, una persona circunspecta, callada, poco sociable, insatisfecha, sin que pueda considerar esas condiciones una desgracia, ya que solo son un reflejo de mis propósitos.
Durante los últimos días no habré hablado un promedio de más de veinte palabras por día. El motivo de este proceder es simplemente que no tengo nada que decir.
Todo lo que no sea literatura me aburre y me inspira odio, porque me perturba o me hace perder el tiempo, aunque solo sea por sugestión.

lunes, 29 de agosto de 2016

El Príncipe de Maquiavelo


Los hombres caminan casi siempre por caminos trillados ya por otros y no hacen casi más que imitar a sus predecesores en las acciones que se les ve hacer.
El príncipe debe leer las historias, y al contemplar las acciones de los varones insignes, debe notar particularmente como se condujeron ellos, examinar las cusas de sus victorias, a fin de conseguirlas el mismo, las de sus pérdidas a fin de no experimentarlas.
No es necesario que un príncipe posea todas las virtudes, pero conviene que el aparente poseerlas.
Aun me atreveré a decir que si el las posee realmente y las observa siempre, le son perniciosas a veces, en vez de que aun cuando no las poseyera efectivamente, si aparenta poseerlas le son provechosas.
Puedes parecer manso, fiel, humano, religioso, leal y aun serlo, pero es menester que, en caso necesario, sepas variar de un modo contrario.
Su espíritu debe estar dispuesto a volverse según que los vientos y variaciones de la fortuna lo exijan de él.
Debe tener sumo cuidado en ser circunspecto, para que cuantas palabras salgan de su boca lleven impreso el sello de la virtud, y para que, tanto viéndole como oyéndole, le crean enteramente lleno de bondad, buena fe, integridad, humanidad y religión.
Muchos creen que la fortuna gobierna de tal modo las cosas de este mundo que los hombres con su prudencia no pueden corregir lo que ellas tienen de adverso, y aun que no hay remedio algunos que oponerles.
Juzgo que puede ser verdad que la fortuna sea el árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero también es cierto que ella nos deja gobernar la otra o al menos siempre algunas partes.
Baste esta reflexión para lo concerniente a la necesidad de oponerse a la fortuna en general.

Ludovico Geymonat


El nacimiento de la ciencia experimental guarda relación con el descubrimiento de que existen técnicas muy precisas para determinar racionalmente el curso de la experiencia.
Es decir, para provocar ciertos fenómenos que pueden repetirse a voluntad y medirse con exactitud matemática, en condiciones controladas por nuestro intelecto.
La confianza de tipo operativo fundada en los innumerables éxitos que el hombre ha logrado cada vez que sustituyó un comportamiento dogmático por un comportamiento racional.

Julio César de Jacques Madaule


¿Qué partido abrazará Cesar? Sin duda el que encierre mayor riesgo, pero ofrezca, a los mismos tiempo, la posibilidad de unas mayores ganancias.
Comprendió que el poder, en Roma, sería de aquellos que supieran utilizar el dinero y la fuerza.
Sin ocultar su propio escepticismo utiliza el miedo supersticioso de los demás.
Se afirma que jamás tomo en cuenta los presagios cuando se oponían a sus designios, pero creía indudablemente en su buena suerte.
Una de las características sobresalientes de Cesar es la de seguir a menudo, y casi el mismo tiempo, un vasto plan que solo realizará mucho tiempo después y un proyecto inmediato.
Se advierte siempre la sombra de Cesar, sin que jamás pueda sorprendérselo en flagrante delito, porque junto a la más grandes de las audacias posee una extremada prudencia.
Cesar se juega el todo por el todo y se endeuda más que nunca.
Nada es digno de perturbar al alma de Cesar y la más grandes victoria que deseaba obtener frente a sus enemigo, es la de mostrarse siempre superior a sus injurias.
Cesar consideró que no debía entrar en discusión con persona alguna, y esa fue su regla de conducta con respecto a todos aquellos que lo insultaban.
Su táctica consiste en desconcertar siempre a sus adversarios, ya sea sosteniendo con descaro una mentira o mediante una fingida moderación y en el campo de batalla no procederá de otra manera.
El genio del estratega consiste en aprovechar en el momento adecuado las ventajas de una posición.
Cesar no retrocedía ante acción alguna cuando la estimaba necesaria.
El todo por el todo, solo hay un golpe peligroso, ¡adelante!.
El proyecto era temerario y poco faltó para que fracasara. Sin embargo, era el único posible.
Al ver trastocados su primitivo plan, Cesar consideró que debía cambiar por completo su plan de campaña.
Parece evidente que el genio militar reside menos en un golpe de vista infalible que en el temple de un carácter. Ha sido vencido, pero conserva admirablemente su presencia de ánimo. Mientras el hombre no se abandone, no ha de faltarle la fortuna.
Pompeyo se somete al destino, puesto que los dioses le son adversos, nada queda por hacer. Cesar, por el contrario, no cede ni ante las propias divinidades, ya que las obliga a colocarse de su parte y los reveses son solo accidentes que deben repararse cuanto antes.
Cesar necesito de esa indómita confianza para llevar a cabo tantas tareas diversas.

domingo, 28 de agosto de 2016

Jean le Rond d'Alembert


El Espíritu no crea ni imagina objetos sino en tanto que son semejantes a los que ha conocido por ideas directas y por sensaciones, en cuanto más se aleja de estos objetos, más extraños y poco agradables son los seres que crea.

Todos los conocimientos se reducen primitivamente a sensaciones, el arte de combinar y de relacionar ideas directas no añade propiamente a estas mismas ideas más que un orden más o menos exacto.

Los conocimientos directos son los que recibimos inmediatamente sin ninguna operación de nuestra voluntad.

Los conocimientos reflexivos son los que el entendimiento adquiere operando sobre los directos, uniéndolos y combinándolos.

Iluminado por la observación de la naturaleza, puede entrever las causas de los fenómenos, pero corresponde al cálculo asegurar la existencias de estas causas, determinado exactamente los efectos que pueden producir y comparando estos efectos con los que la experiencia nos descubre.

sábado, 27 de agosto de 2016

Napoleón de Emil Luwig


Los sitios no son la especialidad de Napoleón, la paciencia que sería preciso emplear para vencer al enemigo por el hambre no cabe dentro de su temperamento.
Jamás ha sostenido ningún sitio y declara que las fortalezas y las mujeres hay que tomarlas rápidamente o dejarlas.
Él no sabe solicitar ni esperar. El tiempo corre, no se puede esperar más. ¡Al asalto!
Siempre han sido los acontecimientos los que han decidido, en último término, los actos de Napoleón.
En todas las etapas de su vida no advertimos un plan definido y sistemático.
Su vida prueba la justedad de su adagio: “No irá lejos el que sabe de antemano a dónde quiere ir”.
Napoleón regula su conducta por los grandes ejemplos de la historia. Desde su infancia hasta su destierro la conciencia que de su valor tenia Napoleón, se había nutrido por los grandes ejemplos de la Antigüedad.
Sin esta afición tan pronunciada a la Historia, que juzgaba la única y verdadera filosofía, su carrera no solo hubiese sido diferente, sino que habría sido imposible.
Tampoco esta vez tiene Napoleón un plan preconcebido. Lentamente, siguiendo el curso de los acontecimientos, esboza su plan, lo rechaza, vuelve a tomarlo entre manos, lo reforma, todo depende de Paris y de Viena.
Nada de iluminaciones geniales, sino una constante reflexión, una crítica continúa a sus propias acciones.
Sus planes y sus órdenes se hallan entreverados con frecuencias de esta fórmula característica “en el momento dado”.
Este hombre de voluntad férrea tenía el espíritu más flexible que pueda imaginarse y en tanto que imponía a todos su decisión, por lo que a si mismo atañía sometiese siempre a la fuerza de las cosas.
En el mundo de las combinaciones en que vivía todo dependía de la conducta de un solo individuo, el fracaso de uno solo podía traer consigo unas orientaciones nuevas de los acontecimientos, a la que siempre se hallaba dispuesto a adaptarse.
Solo el hombre liberado de todo sistema y de todo principio se confía así a la inspiración del momento y le da libre curso, creando e inventando a medida que avanza.
La carrera de Napoleón no es más que improvisación, pero, al revés de otros grandes hombres, solo calculaba de antemano los detalles, dejando que las circunstancias fueran dando forma a sus más grandes proyectos.

viernes, 26 de agosto de 2016

Napoleón Bonaparte



Voy a decirles el error que cometen ustedes siempre. Ustedes toman sus posiciones la víspera de la batalla, cuando todavía ignoran los movimientos del enemigo y solo conocen el propio terreno.
Yo, por el contrario, nunca doy órdenes antes del combate. Tan pronto como se levanta el sol, envió mis hombres a reconocimiento, me informo yo mismo y mantengo mis tropas reunidas, mientras resuelvo lo que se debe hacer. Luego me precipito sobre el enemigo y ataco según las exigencias del terreno.

Cuando hago un plan militar, no hay hombre más pusilánime que yo. Me exagero todos los peligros y todos los males posibles en las circunstancias. Trabajo siempre, medito mucho. Si parezco siempre dispuesto a responder a todo, a hacer frente a todo, es porque antes de emprender nada he meditado largo tiempo y previsto lo que podía acontecer. No es un genio el que me revela de repente lo que debo decir o hacer en una circunstancia inesperada para los demás, es mi reflexión, es la meditación.

Para gobernar no se trata de seguir una teoría más o menos buena, sino de edificar con los materiales que se tiene al alcance de uno, de someterse a las necesidades del momento y de saberlas aprovechar.
He amado siempre el análisis. Por qué y el cómo son preguntas tan útiles que jamás se formulan con bastante frecuencia. Reconozco la parte del azar en el destino de los hombres y de los acontecimientos. Cuanto más grande se es menos voluntad debe tenerse. Se depende de los acontecimientos y de las circunstancias.

La ambición es el móvil principal de los hombres. Estos trabajan mientras esperan elevarse.

Lo moral es a la fuerza material como tres a uno.

Henri Poincaré


El método de las ciencias físicas descansa en la inducción que nos hace esperar la repetición de un fenómeno cuando se reproducen las circunstancias en las cuales se había presentado por primera vez.
Si todas esas circunstancias pudieran reproducirse simultáneamente, este principio podría ser aplicado sin temor, pero eso no sucederá jamás. Algunas de esas circunstancias faltaran siempre. De ahí el papel importante que la nación de probabilidad desempeña en las ciencias físicas.
Sin generalización la previsión es imposible. Las circunstancias en que se ha observado no se reproducirán jamás, lo único que se puede afirmar es que en circunstancias análogas un hecho análogo se reproducirá.
Gracias a la generalización, cada hecho observado nos permite prever un gran número, únicamente que no debemos olvidar que solo el primero es cierto y que todos son solo probables.
Por sólidamente asentada que pueda parecernos una previsión no estamos jamás absolutamente seguros de que la experiencia no la desmentirá, si nos proponemos verificarla.
Pero la probabilidad es a menudo bastante grande para que prácticamente podamos contentarnos con ellos.
Hemos verificado una ley simple en un número bastante grande de casos particulares, nos rehusamos a admitir que ese hallazgo, tan frecuentemente repetido, sea un simple efecto del azar y concluimos por ello que la ley debe ser verdadera en el caso general.
Si una hipótesis no soporta la prueba de verificación debe ser abandonada sin reservas.
El físico que acaba de renunciar a una de sus hipótesis acaba de encontrar una inesperadas ocasión de descubrimiento.
Su hipótesis tenía en cuenta todos los factores conocidos que parecían intervenir en el fenómeno.
Si la verificación no se hace es porque hay algo inesperado de extraordinario, es lo que se va a encontrar de desconocido y nuevo.

lunes, 22 de agosto de 2016

David Hume (2)



Se puede conceder que la experiencia pasada da una información cierta y directa solo de aquellos precisos objetos y de aquel periodo de tiempo de que tuvo conocimiento, pero la cuestión principal sobre lo que yo quisiera insistir es la de ¿Por qué esta experiencia a ser extendida a momentos futuros y a otros objetos que, por lo que sabemos solo pueden ser similares en apariencia?
He visto que tal objeto siempre h sido acompañado por tal efecto y preveo que otros objetos que son en apariencia similares, irán acompañados por efectos similares.
El curso de la naturaleza puede cambiar y un objeto aparentemente igual a los que hemos experimentado puede ser acompañado por efecto diferente o contrario
Todas nuestras conclusiones experimentales funcionan sobre el supuesto de que el futuro será según ha sido el pasado.
Todas las inferencias provenientes de la experiencia suponen como fundamento que el futuro será parecido al pasado.
Si hubiera alguna sospecha de que el cuerpo de la naturaleza pudiera cambiar y de que el pasado no fuese regla para el futuro, toda la experiencia se volvería inútil y no podría dar origen a ninguna conclusión.
Es imposible que cualquier clase de argumentos derivados de la experiencia puedan probar este parecido del pasado con el futuro.
No es el razonamiento el que os induce a suponer el pasado parecido al futuro y esperar efectos similares de causa que son en apariencia similares.
Sabemos que los hechos vistos por primera vez no nos dicen nada sobre el futuro, pero en cuanto se observan su repetición se infiere el resultado habitual.
Los académicos siempre hablan de duda y de suspensión del juicio, del peligro de las determinaciones apresuradas, de confiar a limites muy restringido las investigaciones dl entendimiento y de renunciar a todas las especulaciones que no pertenezcan a la práctica y a la vida diaria.
Supongamos que una persona dotada de las más poderosas facultades de razón y reflexión aparece repentinamente en nuestro mundo.
En verdad lo que vería sería una continua sucesión de objetos y un suceso siguiendo a otro pero no podría descubrir nada más. Supongamos, además que esta persona ha adquirido más experiencia y que ha vivido tanto tiempo en el mundo que ha observado que los objetos o sucesos familiares están constantemente ayuntados.
¿Cuál es la consecuencia de esta experiencia? Inmediatamente infiere la existencia de un objeto por la aparición del otro y tampoco es un proceso de razonamiento lo que le induce a sacar esta inferencia.
Todas las inferencias derivadas de la experiencia son efecto de la costumbre y no del razonamiento.

La costumbre, pues, es la gran guía de la vida humana.
Nuestra ignorancia de las cusas que producen los fenómenos da origen a la creencia de que existe el azar.
La observación repetida de un hecho crea un sentimiento de creencia.
No aparece en toda naturaleza un solo caso de conexión que podamos concebir.
Todos los sucesos aparecen enteramente sueltos o separados. Un suceso sigue a otro, pero jamás podemos observar un lazo entre ellos.
Parecen ayuntados pero no conectados.
Cuando se presenta algún objeto o suceso natural, no hay sagacidad o penetración que nos permita descubrir o conjeturar, sin el auxilio de la experiencia, que suceso resultará.
Aun después de un caso o experimento en el que hemos observado que un suceso particular sigue a otro, no tenemos derecho a formar una regla general o a predecir que ocurrirá en casos iguales.
Sería imperdonable temeridad juzgar acerca de todo el curso de la naturaleza por un solo experimento, por más preciso y cierto que fuese.
Pero cuando una clase particular de sucesos siempre y en todos los casos ha estado ayuntado a otra, no tenemos inconveniente en predecir el uno al aparecer el otro.
Entonces a un objeto los llamamos causa y al otro efecto.
La única utilidad inmediata de todas las ciencias es enseñarnos como controlar y regular los sucesos futuros por sus causas.
La primera vez no podía decir que un suceso estaba conectado con el otro, sino ayuntados.
Después de haber observado varios casos de esa naturaleza entonces dice que estaban conectados.
Nuestra idea de necesidad y causas surge enteramente de la uniformidad que se observa en la naturaleza.
Todas las inferencias que podemos hacer se fundan meramente en nuestra experiencia de su constante y regular ayuntación.  

sábado, 20 de agosto de 2016

David Hume


El único remedio universal es el razonamiento preciso y exacto.
Todos los razonamientos que se refieren a los hechos parecen fundarse en la relación de causa y efecto.
El conocimiento de esta relación surge enteramente de la experiencia cuando vemos que cualquier clase de objetos particulares están constantemente ayuntados entre sí.
No se puede sin el auxilio de la experiencia inferir jamás algo respecto de los hechos y las cosas existentes.
Las causas y los efectos no son descubiertos por la razón sino por la experiencia.
Preséntese un objeto a un hombre dotado de razón natural y habilidades tan extraordinarias como se quiera: si el objeto es enteramente nuevo no será capaz de descubrir ninguna de sus causas o de sus efectos ni siquiera mediante el más prolijo examen.
Estamos inclinado a imaginar que podríamos descubrir efectos por la mera operación de nuestra razón, sin la experiencia.
Nos figuramos que, si hubiéramos venido repentinamente a este mundo, a primera vista podríamos haber inferido que una bola de billar comunicaría el movimiento a otra al impulsarla y que no tendríamos necesidad de haber esperado este suceso para pronunciarnos con certeza al respecto.
Tal es la fuerza de la costumbre que oculta nuestra natural ignorancia.
Conocemos todas las leyes de la naturaleza y todas las operaciones de los cuerpos sin excepción, solamente por la experiencia.
Si se nos presenta un objeto y se nos pide que nos pronunciemos sobre el efecto que resultará de él, sin consultar observaciones anteriores ¿de qué manera deberá proceder el espíritu?
Habrá de inventar o imaginar un suceso que considera como efecto del objeto y es claro que esta invención deberá ser enteramente arbitrario.
El espíritu jamás puede encontrar el efecto en la supuesta causa por medio del examen o pesquisa más rigurosos. Porque el efecto es totalmente diferente de la cusas y en consecuencia nunca puede ser descubierto en ella.
Una piedra o un trozo de metal levantado en el aire y dejado sin apoyo caen inmediatamente. Pero si consideramos el asunto a priori descubrimos algo en esta situación que pueda dar origen a la idea de un movimiento hacia abajo más bien que hacia arriba o de cualquier otro movimiento en la piedra o el metal?
Todo efecto es un suceso diferente de su causa. Por tanto tiene que ser enteramente arbitrario imaginarlo o concebirlo a priori.
Cuando razonamos a priori y consideramos meramente un objeto o causa tal como aparece en el espíritu, independientemente de toda observación, nunca podría sugerirnos la nación de un objeto distinto como por ejemplo su efecto y aún menos mostrarnos la inseparable e inviolable conexión entre ellos.
Tendría que ser muy sagaz la persona que pudiera descubrir por razonamiento que el cristal es el efecto de calor y el hielo del frio, sin tener previo conocimiento de la acción de estos estados.
Los razonamientos de los hechos se basan en la relación causa efecto y esta relación a su vez, en la experiencia.
Nuestras conclusiones extraídas de la experiencia no se fundan en el razonamiento, ni en ningún proceso del entendimiento.
Todos estarán ciertamente de acuerdo en que la naturaleza nos ha mantenido muy alejados de todos sus secretos y que solo nos ha concedido el conocimiento de unas pocas cualidades superficiales de los objetos en tanto nos oculta las fuerzas y principios de los que depende enteramente la fuerza de esos objetos.

viernes, 19 de agosto de 2016

Bhagavad Gita


Cuando una persona tiene su mente excesivamente dirigida hacia los objetos de los sentidos es encadenada por ellos, de este lazo nace el deseo, y el deseo desemboca en la pasión.
La pasión origina el error, el olvido de verdades conocidas, este la destrucción de la inteligencia, y en consecuencia, la muerte del hombre.

Máximas

Confía en Dios, pero ata bien tu camello.
Con el tiempo viene el consejo.
Pecado oculto no ofende.
El pecado oculto es pecado medio perdonado.

Gregorio Klimovsky


La ciencia es un método, una manera de pensar, un procedimiento para construir explicaciones verosímiles, para eliminar explicaciones defectuosas, para captar modelos eficientes, para hacer buenas predicciones y por ello actuar con éxito sobre la realidad.
Solucionar un problema involucra actuar apropiadamente, o sea tratar de elegir un curso de acción eficiente.
Para saber que un posible modo de actuar es apropiado es necesario deducir mediante el empleo de buenas teorías científicas las consecuencias que entraña ese posible modo de actuar.
Pero entonces hay que poseer un buen conocimiento de las leyes naturales, de las causas y efecto, de las estructuras de la realidad y de sus formas para poder deducir correctamente.
La ciencia es una colección de métodos:
1. Métodos lógicos para definir conceptos y deducir afirmaciones.
2. Métodos matemáticos para medir y calcular y construir estructuras reales y posibles.
3. Métodos empíricos para obtener datos.
4. Métodos hipotéticos para teorizar modelos acerca de las leyes naturales.
5. Métodos estadísticos para estimar probabilidades de hechos. Métodos taxonómicos para clasificar.
El pensamiento científico es una manera adecuada de eliminar el error y hacer nítidos los conceptos.

jueves, 18 de agosto de 2016

Jean Fourastie



Del presente nace el porvenir. Los acontecimientos se encadenan con otros por invencible fatalidad.
No es cosa moderna el que no haya efecto sin causa, ni el que muchas veces la causa más pequeña produzca los mayores efectos.
Todo es rodaje, poleas, cuerdas y resortes en esta inmensa máquina.
Pero se abusa de la verdad de este principio deduciendo que no hay accidente, por pequeño que sea, que no constituya un eslabón esencial de la cadena del destino.
Podemos remontarnos de causa en causa hasta el laberinto de la eternidad, pero toda causa no tiene efecto si descendemos hasta el fin de los siglos.
Los acontecimientos presentes no son hijos de todos los acontecimientos pasados.
Todo tiene siempre padres, pero no todo tiene hijos.
Las verdadera verdadera física consiste en determinar bien todos los efectos.
Locke demostró que no tenemos ideas innatas, ni principios innatos. De esta afirmación se deduce evidentemente que necesitamos que entren en nuestro cerebro buenas ideas y excelentes principios para que podamos usar bien la facultad que se llama entendimiento.
El hombre nació sin ningún principio pero con la facultad de recibir todos los principios.
El cerebro humano tiene gran dificultad para percibir las realidades que lo rodea.
La dificultad enorme que tiene el hombre para percibir y comprender la realidad que lo rodea está ilustrada por el hecho de que la humanidad no descubrió sino muy recientemente el método científico experimental, no lo aplica sino muy esporádica y torpemente y habitualmente sigue dando prioridad a la imagen pasional o racional que se hace de las cosas por encima de la imagen observable y observada.
Una serie perfectamente lógica de afirmaciones puede ser errónea respecto de lo real.
La racionalidad tiene por efecto el revelar lo contradictorio y el agrupar las informaciones en series coherentes entre sí.
El razonamiento racional influye inconscientemente en la observación haciendo que un hombre no vea en los hechos más que aquello que le interesa.
De manera que existen obstáculos enormes para la percepción objetiva. La observación es en realidad una adquisición difícil para el espíritu humano.
El cerebro humano tiende a apegarse solo a lo global y a lo abstracto. La abstracción es una imagen necesaria para el hombre que quiera conocer y comprender lo real, pero deforma lo real.
La racionalidad clásica es hija natural del cerebro humano. El cerebro humano no puede tener más que una idea clara y distinta por vez.
De manera que no puede encarar la realidad complicada sino enumerando una tras otro, sucesivamente, lo elementos que, sin embargo, constituyen un conjunto.
Pero he aquí que los hombres empiezan a sentir que hay en lo real cosas que no vienen una tras otras, que no se dejan encadenar así por nuestra razón lineal y que con todo tenemos que conocer.
Hoy sabemos que el hombre esta limitado por la unidad de su pensamiento claro y por su localización en un solo punto del espacio y del tiempo no puede captar ni comprender más que una parte ínfima de lo real.
Los hombres siguen hoy sin poder percibir más que rara y difícilmente una realidad objetiva, aun limitada.
Siempre cuando la ideología choca con lo real los hombres se dividen en dos tendencia, lo que quieren forzar lo real mediante una acción más dura, aun violenta y lo que admiten la realidad para llegar a procedimiento menos ambicioso pero menos apremiante y más seguros.
A medida que progresamos lo real cambia, aprendemos cosas, pero estamos siempre atrasados. Llegamos a saber lo que hubiese sido necesario que hicieran Luis XIV para mejorar la situación económica de su tiempo ¡pero él no lo sabía!
De la misma manera nuestros políticos no saben lo que deberían saber para resolver correctamente los problemas de hoy, la información acerca del presente es siempre deficiente.
No hay ciencia si no hay confrontación del modelo racional con lo real observado. Ahora bien, la historia es la que describe lo real observado.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Zoroastro

La rectitud es la virtud más alta, sólo ella brinda felicidad.
Feliz es aquél que es recto por la rectitud misma.
Cuando dudes de la justicia de un acto abstente de practicarlo.

Julio Cesar

Los hombres tímidos mueren mil veces antes de morir, los bravos solo mueren una vez.
De todo cuanto me sorprendió en la vida nada me sorprende tanto como el temor, ya que la muerte es inevitable que venga.

Herbert Spencer


Por regla general se rechaza con indignación y desprecio toda creencia que este en abierta oposición con la nuestra, sin preguntar o investigar, quizá lo que justifica siguiera aparentemente tal creencia.
La formación de juicios exactos sobre las cuestiones que se discuten puede, en gran parte, de la actitud que guarda nuestro espíritu cuando oímos la discusión.
Una de las condiciones primordiales de un pensamiento libre y amplio es evitar los extremos, debemos pues procurar cuidadosamente no caer en ellos y la mejor salvaguardia para huir de la caída es la estimación o tolerancia de las opiniones ajenas.
Se puede admitir que las creencias humanas han tenido su origen en hechos reales que contenían primitivamente y quizás contienen aun algo de verdad.
Saber es prever y todo conocimiento nos ayuda, más o menos en suma, a evitar el mal y conseguir el bien.
Los sabios someten sus descubrimientos al más escrupuloso examen y rechazan sin piedad el error una vez descubierto.
La comprobación de que todas las conclusiones deducibles concuerdan con los hechos que revela la experiencia directa significa que hemos hallado una verdad.
La verdad no puede ser para nosotros sino la concordancia perfecta en todo el campo de la experiencia entre las representaciones que llamamos ideales de las cosas y las percepciones que llamamos reales.
Si cuando descubrimos que una proposición no es verdadera, queremos decir simplemente que hemos descubierto una diferencia entre lo supuesto y lo observado, preciso es también que cuando no se presentan esas diferencias digamos que hemos hallado la verdad.

El pensamiento conservador / William R. Harbour


El hombre de Estado, sin perder de vista los principios, debe guiarse por las circunstancias pues de otro modo llevará a su país a la ruina definitiva.
Precisamente, es el cambio constante de las circunstancias el factor que previene contra las estrategias de reforma política fundadas en el razonamiento apriorístico.
La concepción conservadora se basa en su percepción del poder limitado de la razón.
El conservador experimenta y piensa concretamente restringiendo su acción a lo inmediato y abjurando estrictamente de todo lo que pueda tener sabor a especulación.
El conservadorismo no intenta instituir un modo de conocimiento único, lo cual plantea el problema de saber cuándo emplear los distintos modos de conocimiento.
El conservador sostiene que la mayoría de las cuestiones política involucran distintos asuntos, de ahí sus complejidades, lo cual obliga a emplear distintos modos de conocimiento.

lunes, 15 de agosto de 2016

Goethe, Confucio



Confucio

El maestro dijo: “Si alguien no está lleno de ansiedad yo no lo instruyo. Si no hace esfuerzo alguno, no le ilumino. Si yo despejo una de las esquinas y él no contesta con las otras tres esquinas, yo no repito mi lección.”


Goethe

Es muy fácil pensar. Obrar es muy difícil. Y obrar según su pensamiento es lo más difícil del mundo.