Este no es un mundo que confirme verdades sino un mundo que refuta errores. Si dentro del organismo surge una imagen cada vez más completa del entorno ello se debe a un andar ensayando siempre de manera activa. Ese ensayo constante en todas direcciones constituye una actividad vital, no una espera pasiva.
La vida es echar al mundo teorías, hipótesis, dogmas y doctrinas y comprobar su validez. La experiencia consiste esencialmente en cometer muchas equivocaciones y superarlas. El ensayo y el error hacen a la experiencia. Hay que haber cometido muchísimas equivocaciones y haberlas corregido posteriormente.
El fundamento de la teoría de la inducción es que aprendemos las cosas
gracias a la información procedente del exterior. Aprendemos a partir de
las informaciones que se infiltran en nuestro interior a través de
nuestros sentidos y mediante la repetición aprendemos la regularidad de
las cosas. La inducción nos vuelve pasivos. El verdadero aprendizaje no
es inductivo, sino que consiste siempre en ensayas y errar.
El mundo no nos proporciona ninguna información a menos que nos plantemos ante el con nuestro cuestionario, preguntamos al mundo si esta teoría o la otra es verdadera o falsa. Aprendemos mediante la actividad actuando y nunca mediante la pasividad.
El mundo no nos proporciona ninguna información a menos que nos plantemos ante el con nuestro cuestionario, preguntamos al mundo si esta teoría o la otra es verdadera o falsa. Aprendemos mediante la actividad actuando y nunca mediante la pasividad.
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