lunes, 7 de agosto de 2017

Descartes

No hay que dar crédito más que a lo que es perfectamente conocido y aquello de que no se puede dudar. No hay que mezclar ninguna conjetura a nuestros juicios sobre la verdad de las cosas. El doble camino que nos conduce al conocimiento es, a saber, el de la experiencia y el de la deducción.
Se debe notar que las experiencias son con frecuencia engañosas, en tanto que la deducción (o la operación pura por medio de la cual uno infiere una cosa de otra) no puede nunca ser mal realizada por el entendimiento.
Todo error posible no proviene nunca de una mala inferencia, sino solamente del hecho de que se parte de ciertas experiencias poco comprendidas o del hecho de formular juicios a la ligera y sin fundamento.
La deducción es toda conclusión necesaria derivada de otras cosas conocidas con certeza. La mayor parte de las cosas se saben de una manera cierta sin que ellas sean evidentes a condición únicamente de que sean deducidas de principios verdaderos y conocidos.
Si nunca se toma como verdadero nada falso se llega mediante acrecentamiento gradual y continuo de ciencia al verdadero conocimiento. No poniendo nada falso en lugar de lo verdadero se llega al conocimiento del todo.
Hay solamente un reducido número de naturalezas puras y simples que puede verse por intuición a primer golpe de vista. Respecto de todas las demás naturalezas no pueden ser percibidas más que deduciéndolas de las primeras.

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