miércoles, 9 de agosto de 2017

Confucio

Si uno no dispone de una guía y pretende cazar en un bosque desconocido, se extravía. No se debe pretender escapar a hurtadillas, irreflexivamente y sin guía, a las dificultades en que uno se ve envuelto. El destino no se deja engañar. Afanarse prematuramente y con precipitación y careciendo de la necesaria conducción acarrea fracasos y vergüenza.

Por eso el noble que reconoce los gérmenes de lo venidero preferirá renunciar a un deseo a atraer sobre si el fracaso y la humillación si trata de lograr a la fuerza el cumplimiento de ese deseo.

Únicamente quien posee fortaleza domina su destino pues merced a su seguridad interior es capaz de aguardar. Únicamente cuando uno es capaz de mirar las cosas de frente y verlas como son sin ninguna clase de autoengaño ni ilusión va desarrollándose a partir de los acontecimientos la claridad que permite reconocer el camino hacia el éxito.

En la lucha con un adversario superior la retirada no es ninguna vergüenza. El retirarse a tiempo evita malas consecuencias. Si instigado por un falso amor propio uno promoviera el conflicto, provocaría su desgracia. Si uno se enfrenta con un enemigo superior con el cual la lucha no tendría perspectiva alguna de éxito una retirada en orden será lo único adecuado. No es de ninguna manera señal de coraje o fuerza empecinarse en librar cueste lo que cueste un combate sin esperanza de existo. .

Surge el peligro allí donde uno se siente seguro. Por eso el noble cuando se siente seguro no olvida el peligro, ni olvida del hundimiento cuando siente estabilidad, ni la confusión cuando le rodea el orden. De tal modo logra su propia seguridad.

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