domingo, 27 de agosto de 2017

Leszek Kolakowski



El mundo que conocemos es un conjunto de hechos individuales observables. Nuestro saber tiende a ordenar estos hechos y se convierte en un saber verdadero, es decir, algo que puede utilizarse de modo practico y que permite prever ciertos acontecimientos en función de otros acontecimientos.

En estos sistemas organizados incluimos todos nuestros conceptos abstractos. Gracias a ellos podemos dar a nuestra experiencia una forma coherente. Todo saber abstracto es un modo de ordenación concisa y clasificadora de los datos experimentales.

Los conceptos científicos, las leyes, las hipótesis, las teorías son condensados que ahorran esfuerzo intelectual y permiten transmitir las experiencias adquiridas. La única tarea de la ciencia es ahorrar experiencias a los hombres procurándoselas de los demás.

Una investigación eficaz solo puede ser conducida a condición de aceptar de antemano un determinismo riguroso de los fenómenos. El determinismo implica la repetición de los mismos fenómenos en las mismas condiciones, en el caso de resultados inesperados de la experiencia, hace falta buscar las condiciones todavía desconocidas que han provocado la modificación.

Para que una ley cualquiera pueda ser formulada hace falta creer que condiciones idénticas producen fenómenos idénticos. La ciencia no sufre excepciones si esta palabra significara otra cosa que nuestra ignorancia de las condiciones que perturban el desarrollo del fenómeno observado.

Aprendemos lo que significa un enunciado estudiando las consecuencias prácticas que comporta su afirmación.  El instrumento más seguro para distinguir las cuestiones reales de las cuestiones ficticias consiste en la posibilidad de una aplicación práctica.

Si dos aserciones conducen a las mismas conductas prácticas no hay ninguna duda que significan lo mismo. Cada juicio tiene como significación las consecuencias prácticas a las que llegamos al emitirlo. Si dos proposiciones distintas provocan el mismo comportamiento, significan lo mismo, si una proposición no produce ninguna consecuencia no significa nada.

La veracidad es la utilidad de la afirmación. Es verdad lo que una vez reconocido como tal nos sirve de alguna manera. La veracidad es la utilidad de la afirmación de un juicio por nuestra acción.  

sábado, 26 de agosto de 2017

P. B. Medawar


En los primeros días de la ciencia se creía que la verdad estaba entorno de nosotros aguardando. La verdad se daría a conocer a nosotros solo con observar la naturaleza. La verdad estaba allí para tomarla con solo que apartásemos el velo del prejuicio y observásemos las cosas como realmente son.

Pero podemos pasar toda la vida observando la naturaleza sin presenciar nunca aquella conjunción de hechos que puedan revelarnos la verdad si la suerte no se cruza en nuestro camino.

No tiene objeto depender de la buena fortuna para que nos de la información fáctica que necesitamos, para aprehender la verdad, por tanto, hemos de inventar experimentos que o bien nos confirmen las opiniones que tenemos o nos hagan pensar en corregirlas.

La observación no es absorción pasiva de información sensorial y la experimentación no solo es idear conjunciones de hechos que no ocurren espontáneamente en la naturaleza. Ninguna nueva verdad se declarará por si sola saliendo de una pila de hechos.
La verdad no está en la naturaleza aguadando declararse y no podemos saber a priori que observaciones son pertinentes y cuales no lo son. Todo descubrimiento comienza con una preconcepción imaginativa de cuál puede ser la verdad. Una hipótesis es una propuesta acerca de cómo puede ser el mundo. Los experimentos son actos emprendidos para someter a prueba esa hipótesis.

La hipótesis guiará a hacer unas observaciones en lugar de otras y sugerirá experimentos que de otra manera no se habrían efectuado. Los experimentos ponen a prueba las implicancias lógicas de las hipótesis, es decir, las consecuencias de suponer que son cierta.

El diálogo es entre lo posible y lo real, entre lo que puede ser verdad y lo que ocurre en la realidad. Un diálogo entre dos voces, una imaginativa y otra crítica.

viernes, 25 de agosto de 2017

Karl Popper


La claridad y la elegancia no son criterios de verdad, pero la oscuridad y la confusión pueden indicar error. Análogamente, la coherencia no basta para establecer la verdad pero la incoherencia y la inconsistencia permiten establecer la falsedad.

Ni la observación ni la razón son autoridades. La intuición intelectual y la imaginación son muy importantes pero no son confiables. Pueden mostrarnos muy claramente las cosas y sin embargo conducirnos al error.

La función de la observación, el razonamiento y la imaginación es contribuir al examen crítico de las conjeturas con que sondeamos lo desconocido. La crítica es un intento por hallar los puntos débiles de una teoría. Estos puntos débiles solo pueden hallarse en las más remotas consecuencias lógicas derivables de la teoría.

Sin esperar pasivamente que las repeticiones impongan regularidades sobre nosotros, debemos tratar activamente de imponer regularidades al mundo.

Bertrand Russell



Dado que una proposición solo puede ser probada por medio de otras proposiciones está claro que no es posible probar todas las proposiciones pues las pruebas solo pueden empezar dando algo por supuesto.

Y puesto que las consecuencias no tienen más certeza que sus premisas, las cosas probadas no son más ciertas que las cosas aceptadas simplemente porque son obvias y que por tanto se han convertido en base de nuestras pruebas.

El significado de una idea reside en las acciones a las que conduce. Para estimar la diferencia entre dos creencias diferentes sobre la misma cuestión debemos considerar la diferencia en la conducta que se derivaría de adoptar una creencia u otra. Si de ello no se deriva ninguna diferencia las dos creencias no son efectivamente diferentes.

¿Es verdadera o falsa una creencia? La respuesta del pragmatismo es que si la creencia favorece el objetivo que nos ha llevado a la preguntarnos por su verdad, la creencia se considera verdadera y si no favorece ese objetivo se considera falsa.

Cuando al perseguir un objetivo se mantiene una creencia que es relevante para este, la creencia es verdadera si favorece su realización y falsa si no la favorece. Las ideas se convierten en verdaderas en la medida que nos ayudan a establecer relaciones satisfactorias con otras partes de nuestra experiencia.