miércoles, 17 de mayo de 2017

Mokichi Okada


Cuando una persona ve un objeto es difícil que lo vea como es realmente, sin distorsiones. La primera razón de ello es que a través de la educación, la tradición y las costumbres cada individuo adquiere diversos conceptos que están al acecho en la mente como una especie de barrera aglomerada.
Pocas personas se dan cuenta que sus observaciones de las cosas están obstaculizadas por esa barrera. Cuando observara algo, una persona debería dirigirse a ello con una conciencia pura y sin confusión, con una absoluta carencia de prejuicios.
Todas las cosas en el universo están constantemente cambiando, moviéndose, sin cesar ni siquiera un momento. Por ejemplo, este año, de alguna manera, es diferente al año pasado, en todos los sentidos. Mi yo de ahora es diferente, de alguna manera, del que fue ayer.
Al encontrarse en una situación dada la manera de pensar de una persona sobre algo y la forma de verlo deberá ser diferente de lo que fue el año pasado. Sin embargo, enterradas en la mente de la mayoría de la gente se encuentran tanto las antiguas y tradicionales costumbres que han persistido por cientos de años, como las viejas formas de pensar que también ha sobrevivido por décadas, heredadas de generación en generación.
Este bagaje mental representa las barreras que evitan que la gente pueda captar, adecuadamente y con precisión, las actuales circunstancias. Cuando todo lo que nos rodea esta cambiando, la gente que permanece inmóvil, como el agua estancada, es la que se queda atrás en la marcha del progreso del mundo y es la que tiene que llevar una existencia desafortunada.

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