La verdadera norma que se debe seguir antes de adoptar o
rechazar alguna cosa no es si hay en ella algún mal, sino si contiene en su
seno más de maligno que de benigno. Hay pocas cosas que sean enteramente mala o
enteramente buenas.
Casi toda cosa conocida es un compuesto inseparable de los
dos elementos, de modo que continuamente debemos ejercitar nuestro criterio
acerca de cuál de los dos es el que predomina.

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