miércoles, 17 de mayo de 2017

Charles Sanders Peirce


La experiencia es nuestra única maestra. La facultad de la mente humana para originar ideas que son verdaderas es tan débil que a medida que las ideas manan, las verdades quedan casi ahogadas en un diluvio de falsas nociones y lo que la experiencia hace es precipitar y filtrar gradualmente las ideas falsas, eliminándolas y dejando que la verdad fluya en su poderosa corriente.
Pero ¿cómo ocurre exactamente esta acción de la experiencia? Ocurre por una serie de sorpresas. Ningún hombre hace un experimento sin estar más o menos inclinado a pensar que se producirá un resultado interesante, porque los experimentos cuestan demasiada energía física y psíquica como para emprenderlos al azar y sin designio y naturalmente nada cabe aprender de un experimento cuyo desenlace sea justamente el que se había previsto.
Es por medio de sorpresas como la experiencia enseña todo lo que pretende enseñarnos. Un experimento es una pregunta que se le hace a la naturaleza. Como cualquier interrogatorio se basa en una suposición. Si esa suposición es correcta es de esperar cierto resultado bajo ciertas circunstancias.
La pregunta es: ¿Será este el resultado? Si la naturaleza contesta "No", el experimentador habrá obtenido un importante conocimiento. Si la naturaleza responde “Si”, las ideas del experimentador permanecen como estaban, solo que un poco más profundamente arraigadas.
La inducción consiste en partir de una teoría, deducir de ella predicciones de fenómenos y observar esos fenómenos a fin de ver en qué medida concuerdan con la teoría.

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