Estoy seguro de que se exagera mucho el poder de los intereses
creados en comparación con la aceptación gradual de las ideas, desde
luego no inmediatamente, pero si transcurrido algún tiempo, pues en el
campo de la filosofía económica y política no son muchos los que son
influidos por las nuevas teorías por lo que no es probable que las ideas
que aplican los funcionarios políticos e incluso los agitadores a los
acontecimiento actuales sean las más recientes, pero tarde o temprano, son las ideas y no los intereses creados, las que son peligrosas, para bien o para mal.
Las ideas de los economistas y de los filósofos de la política, tanto
cuando son correctas como cuando son erróneas, son más poderosas de lo
que comúnmente se entiende. De hecho, el mundo está dominado por ellas.
Los hombres prácticos, que se creen exentos de cualquier influencia
intelectual, son usualmente esclavos de algún economista difunto
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