Los empíricos afirman que lo que una vez ha sucedido sucederá
también en otros casos aparentemente análogos sin que se sepan discernir si se
dan las mismas causas. Ciertamente que
es razonable pensar que lo que conviene a un larga experiencia del pasado habrá
de volver a encontrarse en el futuro, pero esto no es una verdad necesariamente
infalible, y puede fallar cuando menos lo esperamos, es decir, en el caso en
que las causas que han producido el hecho cambian.
Por estas razones lo prudentes no se fía demasiado y tratan
antes bien de penetrar las razones del hecho para estar en situación de conocer
las excepciones.
Solo la razón puede establecer reglas seguras y completar
las lagunas, añadiendo las excepciones, así como encontrar ciertas relaciones
conceptuales que poseen la fuerza de consecuencias necesarias, con lo que se
llega a poder predecir ciertos hechos sin necesidad de la experiencia.
¿Por qué hemos de adquirir todos nuestros conocimientos por
la percepción de las cosas exteriores y no hemos de descubrir nada en nuestro
interior? ¿Es nuestra alma considerada en si misma tan vacía que no contengan
nada, a no ser las imágenes tomadas del exterior?
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