lunes, 22 de mayo de 2017

Francis Bacon



El hombre prudente es aquel a quien no engaña la estabilidad aparente y prevé, además la dirección en la cual se realizará el próximo cambio.

Lo que hace que los hombres consideren ordinariamente el estado de las cosas o la dirección de su curso como si nunca hubiera de cambiar es que, teniendo antes los ojos los efectos no vean las causas, pues ellas son las que llevan  en si el germen de los cambios futuros, el efecto que solo existe ante sus ojos no encierra nada semejante. Se atienen al resultado y en cuanto a estas causas que ignoran suponen que habiendo podido producir el efecto serán también capaces de mantenerlo.

El hombre que sobre todo en la adversidad permanece tranquilo prueba que sabe cuán inmensos y múltiples son los males posibles en la vida y que no considera la desdicha que sobreviene en este momento más como una pequeña parte de la que podría sobrevenir.

La naturaleza ha puesto el sentimiento del temor y del terror en todo lo que vive para guardar la vida y su esencia, y para evitar y alejar los peligros. Sin embargo esta misma naturaleza no sabe guardar la medida, con los temores saludables mezcla constantemente otros vagos y superfluos, de tal manera que si pudiéramos ver en su interior encontraríamos a todos los seres llenos de terrores pánicos.

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