Los desastres sufridos puede ejercer el mismo poder sugestivo injustificado: el gerente que alguna vez aumento los precios y provocó una caída vertiginosa de las venta, quizás vacile excesivamente antes de ordenar una nueva a alza, esta vez necesaria.
La mayoría de los teóricos sostiene que el hombre económico es
sumamente racional y calculador: en los momentos de decisión opta por lo
que es genuinamente mejor para él. Pero no es así. La mayoría procesa
la información con una torpeza lamentable y menudo avanza a tropezones,
por atajos mal elegidos, para llegar a conclusiones erróneas.
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