miércoles, 17 de mayo de 2017

John McCormick

No es raro que un ejecutivo elija un determinado curso de acción porque lo asocia con algún éxito anterior, sin que le importe que exista otra solución más apropiada para el problema actual, el cual, si se lo analiza detenidamente, resulta ser bastante diferente del que se plateó en aquella ocasión.
Los desastres sufridos puede ejercer el mismo poder sugestivo injustificado: el gerente que alguna vez aumento los precios y provocó una caída vertiginosa de las venta, quizás vacile excesivamente antes de ordenar una nueva a alza, esta vez necesaria.
La mayoría de los teóricos sostiene que el hombre económico es sumamente racional y calculador: en los momentos de decisión opta por lo que es genuinamente mejor para él. Pero no es así. La mayoría procesa la información con una torpeza lamentable y menudo avanza a tropezones, por atajos mal elegidos, para llegar a conclusiones erróneas.

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