jueves, 27 de abril de 2017

Mario Bunge



Toda actividad implica supuestos que van más allá de nuestra información. En ningún momento percibimos más que una reducida porción del campo en el que se desarrollan nuestras actividades, la mayor parte de ese campo, aunque existe en si tiene que reconstruirse hipotéticamente.
Puesto que el mundo no está nunca dado para nosotros enteramente, tenemos que formular hipótesis en alguna medida.
Lo observable suele ser una pequeña fracción de los hechos que constituyen el objeto de una investigación, los hechos observables no son más que documentos que sugieren o confirman la existencia tras ellos de hechos más interesantes.
Los hechos son como los icebergs: su mayor parte esta oculta bajo la superficie de la experiencia inmediata, la cual es a menudo muy diversas de los hechos a los que apunta.
Lo perceptible no es sino una parte de lo existente. Muchos fenómenos se originan en acaecimientos imperceptibles.
Fue un mérito de los filósofos jonios el indicar que lo invisible es natural y que es escrutable a través de sus efectos.
La porción sumergida de los hechos tiene que ponerse hipotéticamente y para poder contrastar tales hipótesis hay que añadirles relaciones determinadas entre lo observado y lo inobservado, relaciones por las cuales lo observado pueda considerarse como evidencia en favor o en contra de los hipotético y no visto, de modo que lo no visto pueda explicar lo que vemos.
La mayoría de los hechos acerca de los cuales sabemos algo no son observable sino de modo vicario, o sea, que no pueden sino inferirse a través de la mediación de hechos perceptible y por medio0 de hipótesis.
Lo que hacemos es objetivar un hecho inobservable sentando su relación con algún hecho perceptible que sirvan como indicador del primero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario