Toda actividad implica supuestos que van más allá de nuestra
información. En ningún momento percibimos más que una reducida porción del
campo en el que se desarrollan nuestras actividades, la mayor parte de ese
campo, aunque existe en si tiene que reconstruirse hipotéticamente.
Puesto que el mundo no está nunca dado para nosotros
enteramente, tenemos que formular hipótesis en alguna medida.
Lo observable suele ser una pequeña fracción de los hechos
que constituyen el objeto de una investigación, los hechos observables no son más
que documentos que sugieren o confirman la existencia tras ellos de hechos más
interesantes.
Los hechos son como los icebergs: su mayor parte esta oculta
bajo la superficie de la experiencia inmediata, la cual es a menudo muy
diversas de los hechos a los que apunta.
Lo perceptible no es sino una parte de lo existente. Muchos fenómenos
se originan en acaecimientos imperceptibles.
Fue un mérito de los filósofos jonios el indicar que lo
invisible es natural y que es escrutable a través de sus efectos.
La porción sumergida de los hechos tiene que ponerse hipotéticamente
y para poder contrastar tales hipótesis hay que añadirles relaciones
determinadas entre lo observado y lo inobservado, relaciones por las cuales lo
observado pueda considerarse como evidencia en favor o en contra de los
hipotético y no visto, de modo que lo no visto pueda explicar lo que vemos.
La mayoría de los hechos acerca de los cuales sabemos algo
no son observable sino de modo vicario, o sea, que no pueden sino inferirse a
través de la mediación de hechos perceptible y por medio0 de hipótesis.
Lo que hacemos es objetivar un hecho inobservable sentando
su relación con algún hecho perceptible que sirvan como indicador del primero.

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