La política se ajusta, no a los razonamientos humanos, sino a la naturaleza, de la que el razonamiento no es más que una parte y de ningún modo la mayor.
Las circunstancias dan a todo principio político su efecto discernible. Las circunstancias son las que hacen benéfico o pernicioso todo esquema civil o político.
Para reformar con éxito hay que hacerlo gradualmente, mediante dos
principios, el de la conservación y el de la corrección; no siendo jamás
enteramente novedosos en lo que mejoramos ni jamás enteramente
obsoletos en lo que conservamos. Conservar y a la vez reformar es un
proceso lento y en algunos casos casi imperceptible.
Mediante un progreso lento, pero bien sostenido, el efecto de cada paso dado es vigilado, el éxito o el fracaso del primero arroja luces que nos sirven para dar el segundo, y así, de una iluminación en otra somos conducidos, en seguridad, a través de toda la serie.
Una constante vigilancia y atención a la sucesión de los hechos tal como van presentándose sucesivamente y el actuar según lo que ellos señales, son los únicos modos de acción seguros.
La naturaleza del hombre es intrincada, los objetos de la sociedad de la mayor complejidad posible y por lo tanto ninguna simple disposición o dirección de poder puede ser adecuada sea a la naturaleza del hombre, sea al carácter de sus negocios.
Los planes no pueden ser sencillos. Los gobiernos simples son fundamentalmente defectuosos. Si se contempla la sociedad únicamente desde un punto de vista, todas esas formas sencillas de política son infinitamente cautivadoras. En efecto, cada uno responde a su único objetivo de manera mucho más perfecta que aquella en que las más complejas son capaces de alcanzar todos sus complicados propósitos.
Pero es mejor que el conjunto quede imperfecta y anómalamente logrado y no que mientras algunas partes son cuidadas con gran minucia, otras sean del todo descuidadas.
Incluso quienes creen regirse politicamente por estrictos planteos teoricos deben tener en cuenta las circunstancias en las que esos planteos son posibles.
Las circunstancias son infinitas, estan infinitamente combinadas, son variables y transitorias, quien no las toma en cuenta no solo está equivocado sino que tambien rematadamente loco.
Mediante un progreso lento, pero bien sostenido, el efecto de cada paso dado es vigilado, el éxito o el fracaso del primero arroja luces que nos sirven para dar el segundo, y así, de una iluminación en otra somos conducidos, en seguridad, a través de toda la serie.
Una constante vigilancia y atención a la sucesión de los hechos tal como van presentándose sucesivamente y el actuar según lo que ellos señales, son los únicos modos de acción seguros.
La naturaleza del hombre es intrincada, los objetos de la sociedad de la mayor complejidad posible y por lo tanto ninguna simple disposición o dirección de poder puede ser adecuada sea a la naturaleza del hombre, sea al carácter de sus negocios.
Los planes no pueden ser sencillos. Los gobiernos simples son fundamentalmente defectuosos. Si se contempla la sociedad únicamente desde un punto de vista, todas esas formas sencillas de política son infinitamente cautivadoras. En efecto, cada uno responde a su único objetivo de manera mucho más perfecta que aquella en que las más complejas son capaces de alcanzar todos sus complicados propósitos.
Pero es mejor que el conjunto quede imperfecta y anómalamente logrado y no que mientras algunas partes son cuidadas con gran minucia, otras sean del todo descuidadas.
Incluso quienes creen regirse politicamente por estrictos planteos teoricos deben tener en cuenta las circunstancias en las que esos planteos son posibles.
Las circunstancias son infinitas, estan infinitamente combinadas, son variables y transitorias, quien no las toma en cuenta no solo está equivocado sino que tambien rematadamente loco.

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