jueves, 20 de abril de 2017

Montaigne

Es muy corriente ver en las cosas del mundo que la suerte, para probarnos su poder, ya que no tiene en su mano hacer sabios a los tontos, los hace afortunados, de aquí que sea vea todos los días que los hombres más torpes ejecuten grandes empresas públicas y privadas.
Se extrañaban algunos de que los asuntos del persa Sirannes resultasen tan mal siendo sus juicios tan discretos, y el respondió. “Es que soy dueño de mis designios, pero la fortuna los es de los acontecimientos”.
Es imprudencia estimar que la discreción humana pueda llenar el papel de la fortuna, y vano el intento de abarcar causas y consecuencias, conduciendo como de la mano el curso de los hechos.
Los más poderosos en las ciudades y los que mejor salen de sus tratos suelen ser los menos capaces.

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