jueves, 20 de abril de 2017

Anónimo

Cuando uno sabe verdaderamente que es lo que quiere, cuando el deseo es claro, las condiciones de su realización no tardan en manifestarse. A menudo la realización de un deseo extremadamente preciso es casi inmediata.
El problema es que eso del deseo perfectamente claro, es decir, desprovisto de toda duda, de toda ambigüedad y de toda contradicción no está nada difundido.
Si sus aspiraciones no son claras los resultados que obtenga no lo serán tampoco. Debe aprender a ver con claridad sus ambiciones y sus deseos. Mientras no sepa con claridad lo que quiere no lo obtendrá. Una de las claves del éxito es saber precisamente lo que uno quiere hacer.
La gente que fracasa jamás tiene objetivos precisos. El que tiene un objetivo flojo, incierto o no tiene objetivo alguno obtiene resultados acordes. El que tiene un objetivo preciso y pone en marcha un plan para alcanzarlo, siempre lo consigue.
La mayoría de la gente no tiene objetivos precisos, cuantificados como es debido. La mayoría se conforma con desear una vaga mejoría de su suerte, sin pensar nunca en atreverse a ponerle una cifra que lo defina. Una meta precisa es el punto de partida de toda realización.

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