jueves, 20 de abril de 2017

Gastón Boissier

Una vista de las cosas demasiado penetrante puede ser un obstáculo para un hombre de acción, que debe tomar decisiones rápidas, a causa del gran número de razones contrarias que ofrece una reflexión minuciosa.
 Un hombre político no debe obstinarse en desear lo que no quieren sus conciudadanos, ni perder el trabajo en suscitar oposiciones inútiles. Las circunstancias cambian, hay que cambiar con ellas y navegar según el viento que sopla, para no estrellarse en los escollos.
Cesar sabia fijamente lo que deseaba hacer. Caminaba resueltamente hacia su fin, sin demostrar, para alcanzarlo un ardor impaciente, pero sin perderlo de vista. Saber bien lo que se desea no es una cualidad común. No era de esos caracteres que se obstinan contra los sucesos y no consienten nunca en cambiar nada de los planes que conciben. Nadie sabía plegarse mejor a las necesidades. No es un hombre inconsecuente por defender, según las circunstancias, opiniones que parecen contradictorias, va hacia el mismo fin por caminos diferentes. Hay que mudar con frecuencia la dirección de las velas, cuando se quiere llegar al puerto.
Lo que determinó la superioridad de Cesar es que entre aquellos políticos indecisos que no tenían más que proyecto inseguros y convicciones vacilantes, él solo poseía una ambición muy bien calculada y un propósito determinado. Su fin seguía siendo el mismo, pero no vacilaba cuando era necesario, en adoptar los medios más distintos para llegar a él.

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