jueves, 20 de abril de 2017

Nicolás Maquiavelo


Un príncipe necesita que su pueblo le sea amigo, de lo contrario no tendrá remedio en la adversidad.
Siempre que al pueblo no se quite ni bienes ni honor, vivirá contento y solamente tendrá como adversarios la ambición de unos pocos, la cual en mucha manera y con facilidad se reprime.
Cosa conveniente será mostrar piedad hacia los pobres y miserables, por lo tanto al percibir los impuestos debe tenerse compasión de ellos, porque muy duro es sacar de allí donde no se pudiere.
Al recaudar los impuestos el príncipe debe tener la discreción y la misericordia que requieren las calamidades de los pueblos soportándolas y no exigiendo de ellos más de lo que es posible.
Los pueblos son ricos cuando no sale dinero del país, cuando se acomodan a lo que el propio país produce y cuando en él de continuo entra y es traído dinero por quienes requieren materiales y trabajos allí manualmente para ser enviados al exterior.
Yo juzgo infelices a aquellos príncipes que para asegurar su Estado deben andar por caminos fuera del común, teniendo como enemigo a la multitud.
Porque aquel que tuviere como enemigos a unos pocos, fácilmente y sin muchos escándalos se asegurará, mas quien tenga como enemigo a la generalidad no ha de poder asegurarse nunca.
Y cuanto más haga uso de la crueldad tanto más débil se tornará su principado. De modo que el mejor medio que se encuentra al alcance es el ganarse la amistad del pueblo.
El príncipe que desea perdurar en su trono deberá cuidar de que al pueblo no le falte el alimento. Deberá establecer precios honestos y justos para los víveres y procurar sobre todo que los pobres tengan aquello que les corresponda y no sean defraudados.

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