En las ciencias experimentales las relaciones están rodeadas de fenómenos menos numerosos, complejos y variados, que las ocultan a nuestros miradas. Con ayuda de la experiencia analizamos y disociamos estos fenómenos, a fin de reducirlos a relaciones y condiciones más o más simples.
Para concluir con la certidumbre que una condición dada es la causa próxima de un fenómeno, no basta haber probado que tal condición precede o acompaña siempre al fenómeno sino que es preciso establecer, además, que suprimida la condición, el fenómeno ya no tendrá lugar.
Limitándose a la sola prueba de presencia se podría a cada instante incurrir en error y creer en relaciones de causa y efecto, cuando no hay más que una simple coincidencia.
Las coincidencias constituyen uno de los escollos más graves que encuentra el método experimental. La contraprueba suprime la causa admitida, para ver si el efecto persiste.
Toda la filosofía natural se resumen en esto: conocer la ley de los fenómenos. Todo el problema experimental se reduce a esto otro: prever y dirigir los fenómenos.
Hay un determinismo absoluto en todas las ciencias, porque estando encadenado cada fenómeno, de una manera necesaria, el sabio puede modificarla las condiciones para dominar al fenómeno, es decir, para impedir o favorecer su manifestación.
Partiendo del principio de que hay leyes inmutables, el experimentador estará convencido de que jamás pueden contradecirse los fenómenos, sin son observado en las mismas condiciones y sabrá que si ofrecen variaciones esto depende necesariamente de la intervención o de la interferencia de otras condiciones que disfrazan o modifican estos fenómenos.
Digo que la palabra excepción es anticientífica, en efecto, puesto que las leyes son conocidas, no podría haber excepción y esta expresión no nos sirve más que para permitirnos hablar de cosas cuyo determinismo ignoramos.
Lo que se llama actualmente excepción es simplemente un fenómeno del que una o muchas condiciones son desconocidas y si las condiciones de los fenómenos de que se habla fueran conocidas, no habría excepciones.
Hay que considerar al cuerpo en el cual se verifica el fenómeno y a las circunstancias exteriores o medio que terminar o solicita al cuerpo a manifestar sus propiedades.
La reunión de estas condiciones es indispensable para la manifestación del fenómeno. Si se suprime el medio, el fenómeno desaparece, lo mismo que si se hubiera suprimido el cuerpo.
Los fenómenos se nos presentan como simples efectos de contacto o de relación de un cuerpo con su medio.
El problema se reduce a determinar únicamente las circunstancias materiales en las cuales aparece el fenómeno. Después, siéndole ya conocidas estas condiciones, con realizarlas o no, puede dominar el fenómeno, estos es, hacerlo aparecer o desaparecer según su voluntad.
No podemos gobernar los fenómenos de la Naturaleza más que sometiéndonos a las leyes que los rigen.
El experimentador no puede más que modificar los fenómenos naturales, no le es dado crearlo ni anonadarlos, porque no se puede cambiar las leyes de la naturaleza.
Las ciencias no han tomado vuelto hasta que la autoridad de los libros ha quedado sustituida por la autoridad de los hechos.
Cuando el hecho que se encuentra está en oposición con una teoría reinante, es preciso aceptar el hecho y abandonar la teoría, aun cuando esta, sostenida por grandes nombres, este generalmente adoptada.
El verdadero progreso consiste en cambiar de teorías para tomar otra nueva que vayan más lejos que las primeras, hasta que se encuentre una que esté basada en un gran número de hechos.
Las teorías no son más que hipótesis verificadas, por un número más o menos considerable de hechos, las que son verificadas por el mayor número de hechos son las mejores.
Todos los conocimientos humanos han comenzado forzosamente por observaciones fortuitas.
El hombre no podía, en efecto, tener conocimiento de las cosas sino después de haberlas visto, y la primera vez necesariamente ha tenido que verlas por casualidad.
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