Las ideas experimentales de ninguna manera son innatas. No
surgen espontáneamente, sino que necesitan un excitante exterior. Para tener
una primera idea de las cosas, es necesario ver dichas cosas, para tener una
idea sobre un fenómeno de la Naturaleza, es preciso observarlo primero.
De tal manera el espíritu del hombre no puede concebir un
efecto sin causa, que la vista de un fenómeno despierta siempre en él una idea
de causalidad.
Todo el conocimiento humano se reduce a ascender de los
efectos observados a su causa.
Después de la observación se presenta al espíritu una idea
relativa a la causa del fenómeno observador, luego esta idea anticipada es
introducida a un razonamiento en virtud del cual se hacen experiencias para
comprobarla.
La hipótesis experimental debe estar siempre fundada en una observación
anterior.
El experimentador debe dudar, huir de las ideas fijas y conserva
siempre su libertad de espíritu.
Si se cree demasiado, el espíritu se encuentra atado y restringido por las consecuencias de su
propio razonamiento, ya no tiene libertad de acción y por consiguiente le falta
iniciativa que posee quien sabe sustraerse a esta fe ciega en las teorías.
Vale mas no saber nada que tener en el ánimo ideas fijas
apoyadas sobre teorías cuya confirmación se busca siempre, despreciando todo lo
que no va de acuerdo con ellas.
Los hombres que tienen una fe excesiva en sus teorías o en
sus ideas no solo están mal dispuestos para hacer descubrimientos sino que también
hacen muy mala observaciones.
Observan necesariamente con una idea preconcebida y cuando
realizan una experiencia no quieren ver en sus resultados más que una confirmación
de su teoría, desfiguran así la observación y desprecian frecuentemente hechos
muy importantes, porque no corresponden a su propósito.
Es necesario aceptar los resultados de la experiencia tales
cuales so presentan, con todo lo imprevisto que tengan y con todos sus
accidentes.
Es preciso que se desvanezca la opinión propia y la de los demás
ante las decisiones de la experiencia.
Las ideas no son más que instrumentos intelectuales que nos
sirven para penetrar en los fenómenos.
Cuando atrae nuestra atención un fenómeno natural cualquiera
nos formamos una idea sobre la causa lo determina.
Lo mismo que en todos los demás actos, el sentimiento es el
que decide a obrar.
El sentimiento es el único que dirige al espíritu.
En todo razonamiento experimental hay dos casos posibles: el
de que la hipótesis sea confirmada o el de que por contrario sea debilitada por
la experiencia.
Cuando la experiencia la debilita, el experimentador debe
desechar o modificar su idea preconcebida.
Son los hechos lo que juzgan de la idea. Solo los hechos son
reales y es preciso atenerse a ellos de una manera completa y exclusiva.
El principio absoluto de las ciencias experimentales es unos
determinismos necesario en las condiciones de los fenómenos, de suerte que dado
un fenómeno natural, jamás un experimentador podrá admitir que pueda variar la
expresión de él, sin que al mismo tiempo no hayan sobrevenido condiciones nuevas
en su manifestación.
La experiencia no hace más que mostrarnos la forma de los fenómenos,
pero la relación de un fenómeno con una causa determinada es por fuerza matemática
y absoluta.
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