viernes, 23 de septiembre de 2016

Augusto Comte


Las ideas gobiernan y perturban el mundo. Todo el mecanismo social reposa finalmente en las ideas.
El conocimiento de las leyes de los fenómenos cuyo resultado constante es el de hacérnoslos prever, puede conducirnos a modificarlos en nuestros provecho.
Siempre que se ha realizado alguna acción importante, ha sido debido únicamente a que el conocimiento de las leyes naturales no ha permitido introducir, entre las determinadas circunstancias que concurren al cumplimiento de los diversos fenómenos, algunos elementos modificadores que son suficiente para hacer varias en provecho nuestro los resultados definitivos del conjunto de las causas exteriores.
El carácter fundamental de la filosofía positiva consiste en considerar todos los fenómenos como sujetos a leyes naturales invariables, cuyo descubrimiento preciso constituye la finalidad de nuestros esfuerzos.
Consideramos como absolutamente inaccesibles y vacías de sentido la búsqueda de lo que se llaman causas.
En las explicaciones positivas no tenemos la más mínima pretensión de exponer cuales sean las causas generadoras de los fenómenos, pretendemos analizar con exactitud las circunstancias de su producción y coordinar unos fenómenos con otros, mediantes relaciones normales de sucesión y similitud.
La revolución fundamental del saber positivo consiste esencialmente en sustituir en todo a la inaccesible determinación de las causas propiamente dichas, la mera investigación de las leyes, es decir, de las relaciones constantes que existen entre los fenómenos observados.
El verdadero espíritu positivo consiste ante todo en ver para prever, en estudiar lo que es, a fin de concluir de ellos lo que será. La ciencia para prever, la previsión para obrar.

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