lunes, 19 de septiembre de 2016

Arthur Schopenhauer


Cualquier aspiración no puede ser perseguida con probabilidades de éxito si no renunciamos a toda otra pretensión, desistiendo de todo lo que sea ajeno a nuestro fin.
De aquí que el mero querer ni aun el poder no basten por si solos, sino que el hombre necesita saber lo que quiere y lo que puede, solo así mostrará carácter y podrá hacer bien lo que haga.
La experiencia es quien de enseñarnos lo que queremos y lo que podemos, mientras tanto no lo sabemos y lo que nos abre los ojos son los golpes adversos.

Cuando hayamos conocido donde termina nuestro poder y donde empieza nuestra impotencia, desarrollaremos mejores dotes, aplicándolas y utilizándolas de todas la manera en la dirección más provechosa y necesaria.
Trataremos de evitar, aunque tengamos que luchar con nosotros mismos, todo que exceda de nuestras facultades nativas y nos guardaremos de emprender nada que estemos seguros de fracasar.
Querer y ambicionar es la esencia del hombre, pero la base de todo querer es la falta de algo, la privación, el sufrimiento. Por su origen y por su esencia la voluntad está condenada al dolor.
La vida como péndulo oscila constantemente entre el dolor y el hastío, que son en realidad sus elementos constitutivos.
¡Cuán difícil es llegar a un fin, lograr algún deseo! Tropezamos siempre con mil dificultades, a cada paso se acumulan los obstáculos.
Un querer enérgico aparecen en los grandes caracteres de la historia.
Trata de conocer primeramente los objetos que quieres y busca luego los medios para llegar a ellos.

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