El hombre prudente es, en general, el que sabe deliberar bien.
El hombre templado que se domina es al mismo tiempo hombre que se guía constantemente por la razón.
El intemperante se deja arrastrar por su pasión sabiendo que lo que hace es culpable.
El hombre templado que sabe que los deseos que asaltan su corazón son malos, se niega a obedecerlos.
Esta palabra de intemperante puede extenderse también a los que no saben dominar su cólera, su ambición o su codicia.
Lo que no place no aprovecha.
Tarde o temprano hay que pagar siempre el placer.
La fama de valiente es el mayor título de recomendación para las mujeres.
No estimamos jamás en su verdadero valor el bien de que gozamos.
No te hagas amigo de gente violenta y malhumorada.
No se sientes a la mesa del tacaño.
No hables a oídos del necio.
No te juntes con los borrachos ni con los que comen demasiado.
No te alegres ni hagas fiesta por los tropiezos y caídas de tu enemigo.
Es preciso dar importancia a las simples aceraciones y opiniones de los
hombres experimentados, de esas o de prudencia, aunque no las acompañes
la demostración como a las demostraciones regulares, porque dichas
personas tienen los ojos de la experiencia para descubrir y ver los
principios.
No desprecies a tu madre cuando sea anciana.
Dos decididos compañeros cuando marchan juntos son capaces de pensar y hacer muchas cosas.
El hombre no ama lo que realmente es bueno para el, sino lo que le parece ser bueno.
El deseo de ser amigo puede ser rápido, pero la amistad no lo es. Para formarse este lazo se necesita tiempo y hábito.
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