lunes, 4 de julio de 2016

Aristóteles


Las heridas más graves son las que uno se hace a sí mismo.
A hierro caliente, batir de repente.
Los desgraciados creen con facilidad en los milagros.
No somos los mismos cuando la naturaleza, abatida, impone al alma los sufrimientos del cuerpo.
El que sufre solo sufre más sintiendo dejar a sus espaldas a todos los dichosos.
Por el contrario, el alma olvida sus penas cuando tiene compañeros de sufrimiento y ve compartido su dolor.
Más vale ser despreciado y saberlo que ser adulados por aquellos que os desprecian en el fondo de su corazón.
Con frecuencia ocurre que las ventajas que poseemos aseguran nuestra perdición y en cambio nos salvamos por lo que nos falta.
El hombre nunca sabe cuándo ha llegado al colmo de la desgracia.
Los dioses son justos y sacan de nuestras debilidades el instrumento con que nos castigan.
La adversidad es la escuela de las almas.
Ciertos hombres no tienen enemigos más temibles que sus propias perfecciones.
Para ver las cosas claramente hay que tomarlas desde el principio.
Cuando se razona sobre las acciones humanas sirven de poco las generalidades, y los análisis especiales son más conformes a la verdad, puesto que las acciones son siempre particulares y a ellas deben ajustarse las teorías.
Principiar es hacer más de la mitad en todas las cosas y que basta por sí solo para aclarar muchos puntos en las cuestiones que se discuten.
No hay hombre a quien no sea posible alcanzar la felicidad mediante cierto estudio y los debidos cuidados.
Las cualidades solo provienen de la repetición frecuente de los mismos actos.
Deben buscarse el bien, lo útil, lo agradable, debe huirse del mal, lo dañoso y lo desagradable.
Es fácil no lograr una cosa y difícil conseguirla.
La muerte es el más terrible de todos los males porque es el fin de todas las cosas, una vez que uno muere ya no hay bien ni mal.
Es más difícil sufrir el dolor que abstenerse del placer.
El deseo va siempre acompañado de un sentimiento de dolor.
Es preciso que los deseos sean siempre moderados, poco numerosos y que no tengan en si nada que sea contrario a la razón.
Con el dinero sucede lo que con todas las demás cosas, que no es posible tenerlo, cuando no se toman ningún trabajo en adquirirlo.
Los justo es el medio exacto entre cierto provecho y cierta perdida.
No es preciso trabajar o descansar ni demasiado, ni muy poco, sino mantenerse siempre en el medio y seguir el camino que nos indica la recta razón.

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