Si todas las masas sometidas a la atracción despareciesen, la ley de la atracción no se vería destruida, quedaría simplemente sin aplicación posible.
Si pudiéramos contemplar claramente las leyes exactas de los procesos psíquicos se mostrarían igualmente eternas e invariables, como las leyes fundamentales de las ciencias naturales teóricas.
Por lo tanto serían válidas aunque no hubiese proceso psíquico alguno. Aunque no existiese el espíritu existirían sus leyes.

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