viernes, 22 de julio de 2016

Diógenes


Su genio se acomodaba al lugar, al tiempo y a las personas y sabía simular toda razón de conveniencia.

En todas las ocurrencias disponía bien las cosas, pues así como sabía disfrutar de las comodidades que se ofrecían, así también se privaba sin pena de las que no se ofrecían. Decir lo que conviene es decir las cosas que han de ser útiles al que dice y al que oye.

Decir cuánto conviene es decir lo que baste, ni más ni menos.
Decir a quienes conviene es acomodar las palabras a la edad de aquellos a quienes se dicen, ya sean ancianos, ya mozos.


Y decir cuando conviene es que no sea demasiado presto, ni demasiado tarde, pues de lo contrario se peca contra las reglas del bien decir.


El buen consejo dimana de la educación y de la experiencia en muchas cosas.
La fortuna en el obrar depende de considerar y ejecutar rectamente las cosas.
El recto gobierno es hacer buena leyes, sujetarse a ellas y regirse por buenas máxima y costumbre.
Los que obran sin consejo están tan faltos de razón como los que quieren explotar la rectitud de la naturaleza con una regla torcida. 


La virtud se puede adquirir con el estudio.
Nada se perfecciona en la vida humana sin ejercicio.
El ejercicio puede conseguirlo todo.
El hado es el principio u origen de una serie de cosas, o la razón según la cual es gobernado el mundo.


Estando airado no se ha de decir ni hacer cosa alguna.
El aprender muchas cosas no instruye la mente.
Muchas cosas ni las ven los hombres, ni las oyen, ni las comprenden con su entendimiento.

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