domingo, 9 de octubre de 2016

Stuart Mill (2)

La gente se detiene hoy ante las leyes de la naturaleza por considerarlas inviolables, similarmente a como se trataba a Dios y al Hado en las pasadas épocas.

Podemos percibir y formular regularidades en la sucesión de los hechos pero pronto o tarde aparecerá una excepción, alguna singularidad de la naturaleza que convierte en provisionales a las ya conclusiones logradas.

Esta maleabilidad de los hechos garantiza nuestra renuencia a aceptar el determinismo completo total.

No solamente podemos razonar de lo particular a lo particular sin pasar por lo general, sino que de hecho constantemente razonamos de este modo.

Entre los más altos entendimientos de orden práctico ha habido
muchos de los que se admira la manera de manejar los medios para conseguir sus fines, sin que fueran capaces de dar una razón suficiente de porqué hacían lo que hacían, aplicaban o parecía que aplicaba recónditos principios que eran completamente incapaces de establecer.

Estos es consecuencia de poseer un intelecto bien provisto de casos particulares y de la costumbre de razonar rápidamente de estos casos particulares a otros sin practicar el hábito de establecer para uno mismo las correspondientes proposiciones generales.

Solo los casos particulares son capaces de ser sometidos a la observación y todo conocimiento que se deriva de la observación empieza en casos particulares.

Podemos razonar sin proposiciones generales en los casos sencillos y evidentes, así lo hacemos: las inteligencias muy sagaces lo hacen en casos que no son sencillos ni evidentes, siempre que la experiencia les suministre ejemplos esencialmente similares a cada combinación de circunstancias.

Si poseyésemos una memoria asaz vasta y una facultad de atención bastante poderosa para poner y guardar en orden una masa enorme de detalles, el razonamiento podría marchar sin proposiciones generales, que son simples fórmulas para inferir lo particular de lo particular.

La inducción es la operación del espíritu por la cual inferimos que lo que sabemos ser verdadero en una o varios casos particulares, será verdadero en todos los casos que parezcan a los primeros bajo ciertas relaciones asignables.

La inducción es el procedimiento por el cual concluimos que lo que es verdadero algunas veces, lo será siempre en circunstancias semejantes.

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