miércoles, 12 de octubre de 2016

Nicolás Maquiavelo


Es posible remediar con destreza los perjuicios venideros precaviéndolos de antemano pero si se aguarda a que sobrevengan ya no es tiempo de remediarlos.
Si se conocen anticipadamente los males que pueden manifestarse quedan curados bien pronto. Pero cuando, por no haberlos conocidos, le dejan tomar incremento, no hay arbitrio ninguno para remediarlos.
Los romanos previendo de lejos los inconvenientes, les aplicaron remedios siempre en un principio y no les dejaron seguir nunca su curso.
El tiempo puede acarrear consigo tanto el bien como el mal, pero igualmente tanto el mal como el bien.
Como el suceso por el cual un hombre se hace príncipe supone algún valor o dicha parece que la una o la otra de estas cosas allanan en parte muchas dificultades, sin embargo se vio que el que no había sido auxiliado de la fortuna se mantuvo por más tiempo.
Los que de particulares que ellos eran fueron elevados al principado por la sola fortuna llegan a él sin mucho trabajo pero tienen uno sumo para la conservación suya. No hallan dificultades en el camino para llegar a él, porque son elevados como en alas, pero cuando lo han conseguido se les presentan todas las especies de obstáculos.
Lo peor que el príncipe debe temer de un pueblo que no le ama es el ser abandonado por él, pero si le son contrarios los grandes deben temer no solamente verse abandonados, sino también atacados y destruidos por ellos, porque teniendo estos hombre más previsión y astucia, emplean bien el tiempo para salir del aprieto.
Un príncipe que en todo quiere hacer profesión de ser bueno cuando de hecho está rodeado de gente que no lo es, no puede menos que caminar hacia su ruina. Es, pues, necesario que un príncipe que desea mantenerse aprenda a poder no ser bueno y a servirse o no servirse de esta facultad según que las circunstancias lo exijan.
Es necesario que el príncipe sea bastante prudente para evitar la infamia de los vicios que le harían perder su principado. Pero no tema incurrir en la infamia ajena a ciertos vicios si no puede fácilmente sin ellos conservar su Estado.
Porque si se pesa bien todo, hay cierta cosa que parecerá ser una virtud como la bondad o la clemencia y que si la observas formara tu ruina, mientras que otra cierta cosa que parecerá un vicio formará tu seguridad y bienestar si la practicas.
El príncipe debe desear ser tenido por clemente y no por cruel. Sin embargo debo advertir que él debe temer el hacer el mal uso de su clemencia.
Un principe no debe temer la infamia ajena a la crueldad cuando necesita de ella.
Un príncipe cae en el menosprecio cuando pasa por variable, ligero, afeminado, pusilánime, irresoluto. Ponga pues sumo cuidado en preservarse de una semejante reputación e ingéniese para que en sus acciones se advierta grandeza, valor, gravedad y fortaleza.
Uno de los más poderosos preservativos que el príncipe pueda tener contras las conjuraciones es el de no ser aborrecido ni menospreciado por la universalidad de sus gobernado.
Porque el conspirador no se alienta más que con la esperanza de contentar al pueblo haciendo perecer el príncipe. Pero cuando tiene motivos para creer que ofendería con ellos al pueblo, la amplitud necesaria de valor para consumar su atentado la falta visto que son infinitas las dificultades que se presentan a los conjurados.
Los príncipes sabios cuidaron siempre de no descontentar a los grandes hasta el grado de reducirlos a la desesperación como también a tener contento el pueblo.
El príncipe que quiere conservar sus dominios esta precisado con frecuencia a no ser bueno. Si aquella mayoría de hombres de la que piensa necesitar para mantenerse esta corrompida, debe seguir su humor y contentarla.

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