martes, 11 de octubre de 2016

John Dewey (2)


Lo que es inconsistente con nuestros principios esta tan lejos de lo que consideramos probable que ni siquiera como posible lo miramos.
La reverencia prestada a estos principios es tan grande y su autoridad tan extraordinaria para nosotros, que el testimonio no solamente de los demás hombres sino la evidencia de nuestros propios sentidos, la rechazamos con frecuencia cuando ofrecen algo contrarios a estas reglas establecidas.
El hombre cuando llega a la edad adulta reflexiona sobre sus opiniones y las encuentra tan antiguas en su espíritu como su memoria, por lo que se inclina a reverenciarlas como cosas sagradas y a no sufrir que sean profanadas, heridas, ni discutidas.
La fuentes de error son: las conclusiones precipitadas, la preferencia por aquello de la evidencia objetiva que concuerda con nuestro propio interés, las condiciones sociales que tienden a instigar y a confirmar los hábitos torcidos del pensamiento, acumulando prejuicios y perpetuándolos durante largo tiempo.
El proceso de alcanzar lo ausente mediante lo presente es particularmente expuesto a error y está sometido al influjo de: experiencias pasadas, dogmas recibidos, imperativos del propio interés, despertar de las pasiones, un medio social circundante empapado de prejuicios traiciónales.
No se puede evitar que todas las cosas y acontecimiento sugieran otras cosas no presentes actualmente.
Puesto que la inferencia va más allá de lo que es actualmente presente envuelve un salto, un brinco, cuya propiedad no puede ser absolutamente garantizada de antemano, cualesquiera que sean las precauciones que se tomen.
La etapa concluyente y conclusiva es una especie de corroboración experimental o comprobación de la idea conjetural.
El razonamiento muestra que si se adopta una idea se siguen ciertas consecuencias.
Si se encuentra que los resultados experimentales convienen con los resultados teóricos y hay razones para creer que solamente las condiciones en cuestión proporcionarían tales resultados, la consecuencia es suficientemente enérgica para inducir una conclusión, al menos hasta que hechos contrario puedan indicar la conveniencia de revisión.
La observación existe al comienzo y además al final del proceso. Al comienzo para determinar la naturaleza de la dificultad que ha de vencerse, al final para determinar el valor de alguna conclusión hipotéticamente mantenida.
El resultado característico del pensamiento es la organización de los hechos.
Los hechos tal como se ofrecen son el material de la reflexión, su falta de coherencia produce perplejidad y estimula la reflexión.
La apresurada aceptación de toda idea plausible que parece resolver la dificultad se cambia en una aceptación condicional que pende de una ulterior indagación.
La idea aceptada es una hipótesis de trabajo, algo para guiar la investigación y sacar a luz nuevos hechos, no como una conclusión final.
Todo estos expedientes están dirigidos en el sentido de la selección de hechos precisos, a los cuales puede atribuirse la significaciónes precisa para formar sugestiones o ideas.
La técnica de la indagación científica consiste en varios procesos que tienden a excluir las significaciones apresuradas y supuestas, expedientes que aspiran a tener una visión puramente objetiva de los datos que han de ser interpretados.

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