sábado, 17 de diciembre de 2016

Castiglione

La costumbre hace que muchas veces una misma cosa ahora nos parezca bien y ahora mal, porque suele acontecer que los usos, las costumbres, las ceremonias y los modos que en un tiempo tuvieron en mucha estima vengan a ser despreciados y por el contrario los despreciados vengan a ser tenidos en muy gran aprecio.
Por esto se ve claramente que el uso tiene mayor fuerza que la razón para introducir en nosotros cosas nuevas y destruir las viejas.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Giacomo Casanova


 La vida es felicidad. Hay desdichas, algo conozco de ellos, pero la existencia de esas mismas desdichas prueba que la suma de felicidad las supera. Si, moralistas melancólicos e imprudentes, hay felicidad en la tierra y hay tanta que cada uno tiene su parte.

Jamás sufrimos sin abrigar esperanzas de curación y ya la esperanza es un placer. Mientras gozamos nunca viene a turbarnos la reflexión de que nuestro gozo sea seguido de penas. Así pues, el placer en su actividad, es siempre puro, el dolor en cambio está siempre atemperado. 

La felicidad se siente en todos los placeres que el filósofo se procura cuando tiene conciencia de habérselos procurado por sus esfuerzos, sobre todo despojándose de esa multitud de prejuicios que hacen de la mayor parte de los hombres un rebaño de niños grandes.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Tito Livio


Cuando la fortuna libera a los hombres de todo temor, ya no hay para ellos seguridad y la negligencia les deja sin apoyo y expuestos a todos los peligros.
No se piensa mucho en la inconstancia de la fortuna cuando jamás no ha engañado. Si los dioses a la vez que la buena fortuna nos diesen también la prudencia, pensaríamos en los acontecimientos realizados y en los acontecimientos posibles.
Cuanto más te eleva la fortuna menos debes confiar en ella. Los trofeos que has conquistado, los que esperas, pueden caer al suelo por momentáneo azar. Mis triunfos y reveces me han enseñado a preferir los calculos de la razón a las inspiraciones de la fortuna.
Es cosa rara que los dioses den a la vez la fortuna y la prudencia. El pueblo romano era invencible, porque en medio de la prosperidad sabía seguir los consejos de la razón.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Thomas Kuhn


La percepción de una anomalía, o sea de un fenómeno para el que el investigador no está preparado por su paradigma, desempeña un papel esencial en la preparación del camino para la percepción de la novedad. La percepción de que algo anda mal es el preludio del descubrimiento.
En la ciencia la novedad surge solo dificultosamente, manifestada por la resistencia contra el fondo que proporciona lo esperado.
Inicialmente solo lo previsto y lo habitual se experimenta. Sin embargo un mayor conocimiento da como resultado la percepción de algo raro, algo que se haya salido de lo usual.
La percepción de una anomalía es un requisito previo para todos los cambios aceptables de teoría.
Las anomalías reconocidas cuyo rasgo característico es su negativa tenaz a ser asimilada en los paradigmas existentes son las que producen nuevas teorías.
El surgimiento de nuevas teorías es precedido generalmente por un periodo de inseguridad profesional profunda. Esta inseguridad es generada por el fracaso persistente de la ciencia normal para dar los resultados apetecidos.
El fracaso de las reglas existentes es el que sirve de preludio a la busqueda de otras nuevas. Una nueva teoría surge después de un fracaso notable de la actividad normal de resolución de problemas.
Una nueva verdad científica no triunfa por medio del convencimiento de sus oponentes, haciéndoles ver la luz, sino más bien porque dicho oponentes llegan a morir y crece una nueva generación que se familiariza con ella.

Edmund Burke


Incluso quienes creen regirse politicamente por estrictos planteos teoricos deben tener en cuenta las circunstancias en las que esos planteos son posibles.
Las circunstancias son infinitas, estan infinitamente combinadas, son variables y transitorias, quienes no las toma en cuenta no solo está equivocado sino que tambien rematadamente loco.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Séneca (4)


La causa principal de un espíritu angustiado por la espera de lo futuro es que no nos adaptamos a las circunstancias presente, sino que proyectamos nuestros pensamientos a la lejanía. Así es como la previsión, supremo bien de la condición humana, ha sido pervertida.
Lo que te mando es que no seas desgraciados ates de tiempo. Cosas hay que nos atormentan más de lo que es de razón, otras que nos atormentan antes que sea razón y otras, en fin, nos atormentan con absoluta sinrazón.
Es un viejo proverbio que el gladiador toma su consejo en la misma arena.

Un consejo concreto sobre la oportunidad y la manera de hacer una cosa, nadie lo dará desde lejos, hay que deliberar teniendo presente la realidad.
Y aun no basta estar presente sino estar alerta además y al acecho de la ocasión que se aproxima.
Examina los hombres uno por uno, todos orientan la vida hacia el día de mañana. Preguntase que mal hay en ello. Incalculable. Porque estos tales no viven, sino que esperan vivir, todo lo aplazan.
Vivir es un don de los dioses inmortales y vivir bien un fruto de la filosofía.
Como si la fortuna prospera y buen juicio fuesen incompatibles, en la adversidad pensamos más cuerdamente, la prosperidad nos queta el recto pensar.
Es inútil hacer obras sin estudios que las respalden.
Todas las cosas son inciertas aun para los afortunados, nadie debe prometerse nada de lo que está por venir. Nada difiramos para el día de mañana, saldemos cada día nuestras cuentas con la vida.
El mayor inconveniente de la vida es que siempre es incompleta, siempre reservamos una parte para el futuro.
Condúceme, oh padre dominador del cielo soberano, donde quiera que te plazca, no hay tardanza en mi obediencia. A quien es dócil llévanle los hados, los hados que arrastran al rebelde

Séneca (3)


Epicuro se queja continuamente porque somos ingratos para con las cosas pasadas, porque no traemos a la memoria ni contamos en el número de nuestros deleites los bienes que hemos percibido, siendo así que no hay placer más seguro que el que ya no se nos puede arrebatar.
Los bienes presentes aún no están del todo firmes pues cualquier azar puede interceptarlos, los futuros aún están pendientes y no tienen certidumbre, lo que pasó guardado queda en lugar seguro.
Jamás esperamos nosotros la certidumbre absoluta, porque la búsqueda de la verdad es difícil, sino que iremos a donde nos conduzca la verosimilitud.
Todo negocio humanos va por este camino, así sembramos, así militamos, así tomamos mujer y aunque sabemos que el éxito en estas cosas es incierto, a ella nos decidimos porque creemos poder tener en ella alguna confianza.
Porque al sembrador ¿Quién le asegura la cosecha y al militar la victoria y el marido una mujer casta? Seguimos el camino por donde nos llevó no la realidad sino la razón. Espera tu a no hacer sino aquello que tenga certeza que te ha de salir bien y a no querer saber cosa que no sea verdad averiguada, dejarás toda actividad y se te parará la vida.
Emprende toda obra con esta salvedad: si no sobreviene algún caso que los impida. Siempre debe prevenirse mentalmente que puede atravesarse algún accidente que impide lo que teníamos deliberados.
Es imprudente prometerse confiadamente la buena fortuna, el sabio la mira por el haz y por el envés, sabe cuan anchos dominios tiene el erar, cuan inciertas son las cosas humanas, cuantos estorbos se ofrecen a la ejecución de nuestros designios.
Nadie me podrá culpar de mentiroso cuando las cosas estuvieran en el mismo estado que cuando yo hice la promesa, no siendo ello así, cualquiera alteración me da la libertad de revisar mis promesas y me libra de compromiso.
Todas las circunstancias deben ser las mismas que fueron cuando hice la promesa para que puedas obligar mi fidelidad. Loco es quien es fiel a un error.
Mas aprovechan unos pocos preceptos de sabidurías prácticos y a tu alcance, que muchos otros que supieres si no los tuvieres a mano.
Así como resulta un gran luchador no el que aprendió a fondo todas las posturas y todas las complicaciones de unos movimientos que raras veces tienen aplicación en el combate, sino aquel que sabe muy buen una o dos y las practica con diligencia y espía con despierta atención los momentos de utilizarlas.
No tienen importancia los demasiados conocimientos puesto que se sepa los que bastan para la victoria.
Más hizo el que anduvo en seguimiento tenaz de la ocasión huidiza y estuvo en constante acecho de las coyunturas favorables.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Séneca (2)


Ante todo deberemos examinarnos a nosotros mismos, luego los negocios a emprender y finalmente, aquellas personas por quien o con quien los emprendamos.
Lo primero es menester que cada uno tantee su capacidad porque con harta frecuencia nos persuadimos poder más de lo que realmente podemos.
El uno exigió a su patrimonio más de lo que podía resistir, el otro con trabajoso oficio extenuó su enfermizo cuerpo. A algunos su timidez los hace poco idóneos para los negocios civiles que requieren osada frente, otros no señorean la ira y cualquier pinchazo los exalta hasta decir palabras temerarias, algunos no saben poner límites a su humor caustico y no se abstienen de peligrosas chocarrerías.
Tras esto, debemos sopesar las obras que emprendemos y cotejar nuestras fuerzas con las empresas que vamos a tentar.
A cada cual puede suceder lo que puede suceder a otro. El que atendiese a los males ajenos y se persuadiere que tiene expedito el camino para llegar a él, ese tal se armará mucho antes de ser acometido. Convéncete, pues, que todo estado es mudable y que lo que sobrevino a uno puede caer también encima de ti.
Las fuerzas de la adversidad quebranta quien las previene.
Debemos hacernos flexibles y no entregarnos con demasiada tozudez a las determinaciones que tomamos y pasar a aquellas que el azar nos condujere y no hemos de temer las mudanzas de proyecto o de situación.
Lo primero que hay que determinar es que deseamos y luego determinar en derredor porque comino podemos ir allá con mayor celeridad.
Nada hemos de procurar tanto como no seguir la manada de los que nos preceden, yendo no allá donde se ha de ir, sino donde va todo el mundo.
No hay cosa alguna que nos implique en mayores males que el de acomodarnos al qué dirán de la gente, creyendo que es mejor aquellos que acepta el consenso general y de lo cual se nos ofrece copiosos ejemplos.
Así que nuestra vida se rige no por la razón, sino por el remedo. De ahí proviene ese gran tropel de hombres que se precipitan los uso encima de los otros.
Tiene su peligros pegarse a los que van caminando delante y como cada cual prefiere creer que juzgar, jamás se juzga de la vida, sino que siempre se da crédito a los otros y el error transmitido de uno a otro nos hace vacilar y caer. Perecemos por el ejemplo ajeno, nos curamos si nos separamos de la multitud.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Séneca


Nada hay tan dañoso como la credulidad. No creamos sino aquello que afectase a todas luces nuestros ojos y todas las veces que nuestra sospecha se nos apareciere sin fundamento reprendamos nuestra credulidad. Esta conducta severa creará en nosotros el hábito de no creer ligeramente.
De aquellos con quienes conversamos tomamos las costumbres y así como determinadas dolencias se contagian con solo el contacto corporal, de la misma manera el alma transmite sus males a las personas próximas.
Grandeza de ánimo es despreciar las injurias. No conviene verlo todo, oírlo todo. Dejemos pasar muchas injurias, cuya mayoría o las recibe quien las ignora. ¡Quieres no ser irascible! No seas curioso. El que inquiere lo que se dijo contra él y saca a ruedo conversaciones malignas provoca el mismo su propia inquietud.
Nada te permitas en el calor del enojo. El mejor remedio de la ira es la dilación. Todo está perdido cuando la fortuna permite todo lo que la cólera aconseja.
Somos malos y vivimos entre malos. Una sola cosa puede darnos la quietud: un convenio de tolerancia mutua.
Nada nació tan débil que perezca sin peligro del que lo aplasta.
A nadie que mire lo ajeno le contante lo propio, de ahí nos viene la irritación contra los dioses porque otro nos ventaja, olvidándonos de la multitud de hombres que nos siguen detrás.
La infelicidad asidua tiene esta ventaja: que aquellos a quienes veja de continuo termina por curtirlos.
Es grave la fortuna solo para aquellos a quienes es repentina. Así la llegada del enemigo derriba a quienes toma por sorpresa, pero aquellos que se preparan para la futura guerra, bien ordenados y dispuestos, fácilmente resisten el primer arremetimiento, que suele ser vehementísimo.
Nunca yo me fié de la fortuna ni aun cuando parecía acercárseme en son de paz, todo los viene que me confería con grandísima indulgencia puse en lugar de donde ella pudiera retirarlos., cuando quisiera, sin ninguna inmutación mía.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Máximas

Cada uno hace su fortuna por sus costumbres.

A los fuertes no solo les ayuda la fortuna sino mucho mas la razón.

Cuando se manda que nos dominemos a nosotros mismos, lo que se pretende es que la razón domine a la temeridad.

El miedo humilla, el abatimiento, la afliccion atormenta y devora el ánimo y de todo punto le abate y rinde.

Si no nos libramos de el, si no conseguimos ahuyentarle, jamás podremos estar exentos de la miseria.

El hombre debe estar prevenido siempre para todos los casos humanos y en esto consiste la mas excelente sabiduria: no creer que nada pueda dejar de suceder, aunque no haya sucedido todavía.

Cuando las cosas son favorables, debemos meditar de que modo podríamos sobrellevar los golpes adversos.

martes, 15 de noviembre de 2016

Cicerón


La virtud consiste principalmente en tres cosas:
La primera en conocer la naturaleza esencial de las cosas, sus relaciones y propiedades, sus causas y sus efectos.
La segunda es refrenar los movimientos del ánimo
desconcertado y hacer obediente a la razón las pasiones.
La tercera en el uso moderado y sabio de aquellos con quienes estamos asociados.

Tres cosas se han de observar en todas nuestras acciones:
La primera que la razón domine el apetito.
La segunda que se considere el justo valor de la acción que emprendemos para no tomarnos mayor trabajo o poner menor cuidado del que pida.
La tercera que cuidemos de la moderación en todo.


Es obligación del ánimo constante y fuerte no perturbarse en los casos adversos, ni caer de su estado, digámoslo así, por alucinarse, sino estar siempre sobre si y no apartarse de la razón.

Es propio de mucho entendimiento el prevenir con el pensamiento lo venidero y tener formado juicio de lo que por una y otra parte puede acontecer, y lo que se ha de hacer en cualquier acontecimiento, de forma que nada nos sorprenda y no nos veamos obligados a decir: nunca tal pensara.

En las prosperidades, cuando la fortuna lisonjea nuestros deseos, hemos de huir mucho de la soberbia, encono y arrogancia, porque es prueba de flaqueza de ánimo no saber moderarse así en lo favorable como en lo adverso y es muy laudable un mismo carácter siempre, un mismo semblante.

En las mayores felicidades es cuando más conviene valernos de los sabios consejos de los amigos, dándoles mayor autoridad sobre nosotros que en otra ocasiones y entonces es cuando más cuidado hemos de poner en no dar entrada a las lenguas lisonjeras, cerrando los oídos a las adulaciones.
En lo cual es muy fácil dejarse engañar, porque en aquel tiempo nos tenemos por dignos de que nos alaben, de donde se originan muchos defectos pues engreídos los hombres de falsas opiniones cometen innumerables errores.

Es preciso reprimir y dominar las pasiones y avivar la consideración, el cuidado y la diligencia para que no hagamos cosas sin razón, sin consejo y sin reflexión.

Tres cosas se han de observar en todas nuestras acciones: la primera que la razón domine el apetito, la segunda que se considere el justo valor de la acción que emprendemos para no tomarnos mayor trabajo o poner menor cuidado del que pida, la tercera que cuidemos de la moderación en todo.

A todos nos arrebata y nos dejamos llevar todos por el deseo de saber. Pero en esta curiosidad tan natural y tan noble se han de evitar dos escollos:

Uno el tener lo incierto por averiguado y asentir a ello temerariamente, vicio que, para evitarlo el que lo desee es necesario que gaste tiempo y cuidado en considerar las cosas.

El otro defecto es que muchos emplean demasiado estudio y trabajo en cosas difíciles, de mucha oscuridad y de poca importancia.

Escipión siempre que hablaba de la amistad se quejaba de que en todas las otras cosas eran más diligentes los hombres que en esta, que cada uno podía contar las cabras y ovejas que tenía y no los amigos, que se pone cuidado en escoger aquellas cosas y en elegir los amigos hay mucho descuido.

Se ha de escoger a los amigos firmes, estables y constantes, de los cuales hay mucha escases y no es fácil conocerlos.

El amigo cierto en la fortuna incierta se discierne. Con todo, dos señales hay que los convencen de flacos y ligera. Si desprecia al amigo en la prosperidad o si lo desampara en la mala fortuna. Por lo cual al que entrambas fortunas se muestra firme, constante e inalterable, les podemos tener por hombre de una casta muy rara y casi divina.

Es necesario elegir un genio sencillo, sociable y dócil. Añádase a esto que no gusta de chistes y cavilaciones, ni de crédito a las que oiga.

Es muy propio de un bueno guardar estos dos principios de la amistad; el primero, que no haya en ella ficción ni artificio, el segundo, que no solo rechace los defectos que se imputen a su amigo, sino también que no sea suspicaz y melindroso, cavilando siempre y juzgando que el amigo le faltó en algo.  A lo cual debe juntarse cierta suavidad en el trato y las costumbre, que no es el menor aderezo de la amistad.

La amistad debe ser indulgente, franca y apacible e inclinada a toda cortesanía y afabilidad.
Las amistades antiguas son, como los vinos añejos, más agradables y es verdadero el dicho común de que para ser perfectos amigos es menester haber comido juntos muchos celemines del sal.

No por esto quiero que se desechen las amistades nuevas, pero se deben mantener en su lugar las antiguas, pues es mucha la fuerza de la antigüedad y el trato.

Se ha de precaver que las amistades no se conviertan en crueles aborrecimientos. La única precaución y previsión de esta desgracia es que no comencemos a amar demasiado pronto, y acaso a quienes no lo merezcan. Se ha de amar después de haberlo pensado y no aguardar a pensarlo después de haber amado.

Los amigos no se pedirán recíprocamente sino lo que sea justo y honesto y se tendrán respeto: porque desterrar el respeto de la amistad es despojarla de uno de sus mayores adornos. Es muy perjudicial el error de aquellos que piensan que debe haber en la amistad amplia licencia para liviandades y otros pecados.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Tácito



 


El hado nos deja la elección en la forma y manera de vivir, la cual, una vez escogida, hay cierto orden de cosas que forzosamente nos han de suceder.

martes, 18 de octubre de 2016

Voltaire



Hay muy pocos hombres realmente originales, casi todos se rigen, piensan y sienten de acuerdo con la influencia de las costumbres y la educación. Nada tan raro como un espíritu que marcha por una senda nueva.

lunes, 17 de octubre de 2016

Guillermo de Ockham







Occam escribió una sentencia que originará el ideal más duradero de la ciencia de todas las épocas: la sencillez.
Respecto de intrincadas disputas teológicas Occam falla: “El numero de las cosas no se debe multiplicar innecesariamente”.
Con esto quiere decir que entre dos explicaciones igualmente satisfactorias de un mismo hecho, la mejor es la más sencilla, la que involucre el mínimo de elementos.
Lo complicado en la naturaleza es solo una serie de combinaciones de cosas simples. Lo aparentemente complejo es una combinación de lo sencillo.

sábado, 15 de octubre de 2016

Mirabeau







Para formar un plan sistemático es preciso conocer los obstáculos que hay que vencer, fijar de manera precisa el fin a que se quiere llegar, determinar los medios más seguros para conseguirlo y asegurar la mayor exactitud en la ejecución.

viernes, 14 de octubre de 2016

Blaise Pascal (2)

Quien ama a alguien por su belleza ¿lo ama en realidad? No pues la viruela, que matará la belleza sin matar a la persona, tendrá como efecto que no la ame más.
¿Y si me aman por mi capacidad de juzgar, por mi memoria, me aman a mí? No, pues, puedo perder esas cualidades sin perderme yo.
Por lo tanto no amamos nunca a ninguna persona, sino solamente cualidades.

Blaise Pascal

El hombre no es más que un ser lleno de error. Nada le señala la verdad. Todo lo engaña, estos dos principios de verdades, la razón y los sentidos, no solo carecen ambos de sinceridad sino que se engañan recíprocamente el uno al otro.
Los sentidos engañan a la razón con falsas apariencias y esta misma estafa que hacen a la razón, la sufren a su vez de esta: es su desquite.
Las pasiones del alma perturban los sentidos y les provocan falsas impresiones.
La imaginación, debido a una apreciación fantástica, aumenta los pequeños objetos y debido a una insolencia temeraria achica los grandes.
La vida humana no es más que una ilusión perpetua, nos dedicamos exclusivamente a interengañarnos y a interhalagarnos.
Las más de las veces solo se quiere saber algo para hablar de ellos. De otro modo no se viajaría por el mar para no decir nunca nada de él y por el exclusivo placer de ver, sin la esperanza de comunicar algo alguna vez.
No nos situamos nunca en el tiempo presente. Anticipamos el porvenir, como si llegara demasiado lentamente, como para apresurar su curso. O recordamos el pasado para detenerlo por ser demasiado rápido.
Somos tan imprudentes que erramos por tiempos que no son los nuestros y no pensamos en el único que nos pertenece y tan vanos que nos ocupamos de los que ya no son nada y dejamos escapar sin reflexión el único que subsiste. Lo apartamos de nuestra vista porque nos lastima.
Examine cada uno sus pensamientos: encontrará que todos están ocupados por el pasado o por el porvenir. Casi no pensamos en el presente y si pensamos solo lo hacemos buscando en él una luz para disponer el porvenir.
El presente nunca es nuestra finalidad: el pasado y el presente son nuestros medios, solo el porvenir es nuestro fin.
Así pues, no vivimos nunca, sino que esperamos vivir y porque siempre nos estamos disponiendo a ser felices, es inevitable que no lo seamos nunca.
La naturaleza no me ofrece nada que no sea materia de duda e inquietud. Si en ella no encontrara nada que me señalara una divinidad, me inclinaría por la negativa. Si en todas partes viera las señales de un creador, reposaría pacíficamente en la fe. Pero encuentro demasiado para negar y demasiado poco para estar seguro.
La justicia sin la fuerza es impotente, la fuerza sin la justicia es tiránica. La justicia sin la fuerza es contradicha, porque hay siempre malvados.
Por lo tanto, hay que poner juntas la justicia y la fuerza, para esto hay que conseguir que lo que es justo sea fuerte.
Se puede discutir la justicia, la fuerza se la reconoce claramente y sin discusión.
Porque no se pudo conseguir que se obedeciera por la fuerza a la justicia, se llegó a que fuera justo obedecer a la fuerza, porque no se pudo fortificar la justicia, se justificó la fuerza.
La fuerza, no la opinión es la reina del mundo.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Nicolás Maquiavelo


Es posible remediar con destreza los perjuicios venideros precaviéndolos de antemano pero si se aguarda a que sobrevengan ya no es tiempo de remediarlos.
Si se conocen anticipadamente los males que pueden manifestarse quedan curados bien pronto. Pero cuando, por no haberlos conocidos, le dejan tomar incremento, no hay arbitrio ninguno para remediarlos.
Los romanos previendo de lejos los inconvenientes, les aplicaron remedios siempre en un principio y no les dejaron seguir nunca su curso.
El tiempo puede acarrear consigo tanto el bien como el mal, pero igualmente tanto el mal como el bien.
Como el suceso por el cual un hombre se hace príncipe supone algún valor o dicha parece que la una o la otra de estas cosas allanan en parte muchas dificultades, sin embargo se vio que el que no había sido auxiliado de la fortuna se mantuvo por más tiempo.
Los que de particulares que ellos eran fueron elevados al principado por la sola fortuna llegan a él sin mucho trabajo pero tienen uno sumo para la conservación suya. No hallan dificultades en el camino para llegar a él, porque son elevados como en alas, pero cuando lo han conseguido se les presentan todas las especies de obstáculos.
Lo peor que el príncipe debe temer de un pueblo que no le ama es el ser abandonado por él, pero si le son contrarios los grandes deben temer no solamente verse abandonados, sino también atacados y destruidos por ellos, porque teniendo estos hombre más previsión y astucia, emplean bien el tiempo para salir del aprieto.
Un príncipe que en todo quiere hacer profesión de ser bueno cuando de hecho está rodeado de gente que no lo es, no puede menos que caminar hacia su ruina. Es, pues, necesario que un príncipe que desea mantenerse aprenda a poder no ser bueno y a servirse o no servirse de esta facultad según que las circunstancias lo exijan.
Es necesario que el príncipe sea bastante prudente para evitar la infamia de los vicios que le harían perder su principado. Pero no tema incurrir en la infamia ajena a ciertos vicios si no puede fácilmente sin ellos conservar su Estado.
Porque si se pesa bien todo, hay cierta cosa que parecerá ser una virtud como la bondad o la clemencia y que si la observas formara tu ruina, mientras que otra cierta cosa que parecerá un vicio formará tu seguridad y bienestar si la practicas.
El príncipe debe desear ser tenido por clemente y no por cruel. Sin embargo debo advertir que él debe temer el hacer el mal uso de su clemencia.
Un principe no debe temer la infamia ajena a la crueldad cuando necesita de ella.
Un príncipe cae en el menosprecio cuando pasa por variable, ligero, afeminado, pusilánime, irresoluto. Ponga pues sumo cuidado en preservarse de una semejante reputación e ingéniese para que en sus acciones se advierta grandeza, valor, gravedad y fortaleza.
Uno de los más poderosos preservativos que el príncipe pueda tener contras las conjuraciones es el de no ser aborrecido ni menospreciado por la universalidad de sus gobernado.
Porque el conspirador no se alienta más que con la esperanza de contentar al pueblo haciendo perecer el príncipe. Pero cuando tiene motivos para creer que ofendería con ellos al pueblo, la amplitud necesaria de valor para consumar su atentado la falta visto que son infinitas las dificultades que se presentan a los conjurados.
Los príncipes sabios cuidaron siempre de no descontentar a los grandes hasta el grado de reducirlos a la desesperación como también a tener contento el pueblo.
El príncipe que quiere conservar sus dominios esta precisado con frecuencia a no ser bueno. Si aquella mayoría de hombres de la que piensa necesitar para mantenerse esta corrompida, debe seguir su humor y contentarla.

Lord Chesterfield



La distracción en sociedad es imperdonable. Se atento a la cosa más insignificante que aconteciere en donde te hallares.
Debes tener una atención versátil de modo  que puedas aplicarla instantáneamente a diferentes personas y objetos según se presenten.
Atiende y mira a todo el que te hablare y nunca aparezca distraído, ni pensativo, como si no escuchases lo que se te dice, porque nada ofende y provoca más.
Un hombre que es amable se hará casi tantos amigos cuantas personas tratare. Hará que la gente en general le desee bien y se inclinen a servirle en cualquier cosa que no sea inconsistente con su propio interés.