domingo, 4 de diciembre de 2016

Séneca (4)


La causa principal de un espíritu angustiado por la espera de lo futuro es que no nos adaptamos a las circunstancias presente, sino que proyectamos nuestros pensamientos a la lejanía. Así es como la previsión, supremo bien de la condición humana, ha sido pervertida.
Lo que te mando es que no seas desgraciados ates de tiempo. Cosas hay que nos atormentan más de lo que es de razón, otras que nos atormentan antes que sea razón y otras, en fin, nos atormentan con absoluta sinrazón.
Es un viejo proverbio que el gladiador toma su consejo en la misma arena.

Un consejo concreto sobre la oportunidad y la manera de hacer una cosa, nadie lo dará desde lejos, hay que deliberar teniendo presente la realidad.
Y aun no basta estar presente sino estar alerta además y al acecho de la ocasión que se aproxima.
Examina los hombres uno por uno, todos orientan la vida hacia el día de mañana. Preguntase que mal hay en ello. Incalculable. Porque estos tales no viven, sino que esperan vivir, todo lo aplazan.
Vivir es un don de los dioses inmortales y vivir bien un fruto de la filosofía.
Como si la fortuna prospera y buen juicio fuesen incompatibles, en la adversidad pensamos más cuerdamente, la prosperidad nos queta el recto pensar.
Es inútil hacer obras sin estudios que las respalden.
Todas las cosas son inciertas aun para los afortunados, nadie debe prometerse nada de lo que está por venir. Nada difiramos para el día de mañana, saldemos cada día nuestras cuentas con la vida.
El mayor inconveniente de la vida es que siempre es incompleta, siempre reservamos una parte para el futuro.
Condúceme, oh padre dominador del cielo soberano, donde quiera que te plazca, no hay tardanza en mi obediencia. A quien es dócil llévanle los hados, los hados que arrastran al rebelde

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