domingo, 4 de diciembre de 2016

Séneca (3)


Epicuro se queja continuamente porque somos ingratos para con las cosas pasadas, porque no traemos a la memoria ni contamos en el número de nuestros deleites los bienes que hemos percibido, siendo así que no hay placer más seguro que el que ya no se nos puede arrebatar.
Los bienes presentes aún no están del todo firmes pues cualquier azar puede interceptarlos, los futuros aún están pendientes y no tienen certidumbre, lo que pasó guardado queda en lugar seguro.
Jamás esperamos nosotros la certidumbre absoluta, porque la búsqueda de la verdad es difícil, sino que iremos a donde nos conduzca la verosimilitud.
Todo negocio humanos va por este camino, así sembramos, así militamos, así tomamos mujer y aunque sabemos que el éxito en estas cosas es incierto, a ella nos decidimos porque creemos poder tener en ella alguna confianza.
Porque al sembrador ¿Quién le asegura la cosecha y al militar la victoria y el marido una mujer casta? Seguimos el camino por donde nos llevó no la realidad sino la razón. Espera tu a no hacer sino aquello que tenga certeza que te ha de salir bien y a no querer saber cosa que no sea verdad averiguada, dejarás toda actividad y se te parará la vida.
Emprende toda obra con esta salvedad: si no sobreviene algún caso que los impida. Siempre debe prevenirse mentalmente que puede atravesarse algún accidente que impide lo que teníamos deliberados.
Es imprudente prometerse confiadamente la buena fortuna, el sabio la mira por el haz y por el envés, sabe cuan anchos dominios tiene el erar, cuan inciertas son las cosas humanas, cuantos estorbos se ofrecen a la ejecución de nuestros designios.
Nadie me podrá culpar de mentiroso cuando las cosas estuvieran en el mismo estado que cuando yo hice la promesa, no siendo ello así, cualquiera alteración me da la libertad de revisar mis promesas y me libra de compromiso.
Todas las circunstancias deben ser las mismas que fueron cuando hice la promesa para que puedas obligar mi fidelidad. Loco es quien es fiel a un error.
Mas aprovechan unos pocos preceptos de sabidurías prácticos y a tu alcance, que muchos otros que supieres si no los tuvieres a mano.
Así como resulta un gran luchador no el que aprendió a fondo todas las posturas y todas las complicaciones de unos movimientos que raras veces tienen aplicación en el combate, sino aquel que sabe muy buen una o dos y las practica con diligencia y espía con despierta atención los momentos de utilizarlas.
No tienen importancia los demasiados conocimientos puesto que se sepa los que bastan para la victoria.
Más hizo el que anduvo en seguimiento tenaz de la ocasión huidiza y estuvo en constante acecho de las coyunturas favorables.

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