viernes, 16 de diciembre de 2016

Giacomo Casanova


 La vida es felicidad. Hay desdichas, algo conozco de ellos, pero la existencia de esas mismas desdichas prueba que la suma de felicidad las supera. Si, moralistas melancólicos e imprudentes, hay felicidad en la tierra y hay tanta que cada uno tiene su parte.

Jamás sufrimos sin abrigar esperanzas de curación y ya la esperanza es un placer. Mientras gozamos nunca viene a turbarnos la reflexión de que nuestro gozo sea seguido de penas. Así pues, el placer en su actividad, es siempre puro, el dolor en cambio está siempre atemperado. 

La felicidad se siente en todos los placeres que el filósofo se procura cuando tiene conciencia de habérselos procurado por sus esfuerzos, sobre todo despojándose de esa multitud de prejuicios que hacen de la mayor parte de los hombres un rebaño de niños grandes.

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