La vida es felicidad. Hay desdichas, algo
conozco de ellos, pero la existencia de esas mismas desdichas prueba que
la suma de felicidad las supera. Si, moralistas melancólicos e
imprudentes, hay felicidad en la tierra y hay tanta que cada uno tiene
su parte.Jamás sufrimos sin abrigar esperanzas de curación y ya la esperanza es un placer. Mientras gozamos nunca viene a turbarnos la reflexión de que nuestro gozo sea seguido de penas. Así pues, el placer en su actividad, es siempre puro, el dolor en cambio está siempre atemperado.
La felicidad se siente en todos los placeres que el filósofo se procura
cuando tiene conciencia de habérselos procurado por sus esfuerzos,
sobre todo despojándose de esa multitud de prejuicios que hacen de la
mayor parte de los hombres un rebaño de niños grandes.
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