Observo que a menudo ciertos hombres desatan su rabia, no contra los culpables, sino contra quienes tienen más a mano.La blandura y el descuido de cada día, tanto en la vida de los individuos como en la de la ciudad no aparecen manifiestos inmediatamente después de cada negligencia, sino en el conjunto de todos los acontecimientos.
Sabemos que todo el mundo aunque no quiera, experimenta cierto sonrojo por no hacer las cosas consideradas justas y aparentemente se opone a las injusticias, sobre todo cuando estas van en perjuicio suyo.
Y hallaremos que lo que arruina a todos y el principal de los males es esto: sencillamente no hacer las cosas consideradas como justas.
El éxito de todas las cosas sucede según quiere la divinidad, pero la elección de los medios manifiesta la inteligencia del consejero.
Los hombres rectos deben emprender siempre toda noble acción, teniendo ante los ojos la esperanza del éxito y sorteando valerosamente lo que la divinidad les asigne.
El que recibe un beneficio debe recordarlo toda la vida, más el que lo hace al punto debe olvidarlo, si es menester que uno se porte como hombre agradecido y el otro como magnánimo.
Pues ir recordando y contando los favores particulares otorgados es muy semejante a la injuria.
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